1° de Mayo

Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores. Algunas personas saludan con un vacío y repugnante “feliz día” a sus compañeros de trabajo. ¿Feliz día de qué? ¿Qué se festeja? ¿Acaso el ahorcamiento de cuatro personas y el suicidio de otra, es causa de festejo? Otras, quizás más cínicas, hacen grandes comidas e invitan a sus amigos a celebrar, ¿celebrar qué? ¿¡la esclavitud asalariada!? ¡¿Cómo podemos festejar el asesinato de cinco de nuestros compañeros, que lucharon y se revelaron a un sistema opresor para lograr una sociedad justa y equitativa, y no condenar a sus asesinos?! Nos convertimos en nuestros propios verdugos al celebrar nuestras muertes. El tan proclamado “feliz día” tendría que salir de sus bocas, de aquellos a los que el Poder beneficia, los dueños de la “justicia” y de la “verdad”, de aquellos que sin escrúpulos ni rastro de empatía barren con vidas humanas como si fueran simples números que engordan sus ganancias. No de nosotrxs, lxs oprimidxs, lxs bastardeadxs, lxs humilladxs, lxs que somos simples brazos. No nos situemos en el lugar que el Poder nos dice que nos tenemos que situar, no le demos la complacencia de repetir a cada momento “feliz día” porque si ese día fue “feliz” solo lo fue para ellos, los asesinos de toda libertad.

Otras personas, por otra parte, conmemoramos en silencio a los cinco compañeros asesinados y a los cientos de miles que les precedieron después. En manos de un Estado asesino, el monstruo más frío de todos los monstruos fríos, ese monstruo que miente, que nos dice: “ustedes ciudadanxs, son libres”. Y cuando verdaderamente intentamos alcanzar la libertad que tan fervorosamente el monstruo proclama, él mismo suelta su despiadada jauría, que denomina policía y dictamina: “están para cuidarnos”. Pero lo que realmente hacen es devorarnos y despedazarnos. Para poder volver al orden y la paz, SU ORDEN Y SU PAZ, mientras nosotrxs lloramos, gritamos y reventamos de rabia porque otra vez sufrimos otro Primero de Mayo.

Que esa rabia sea la que impulse a la destrucción de toda dominación, de toda explotación y de toda disciplina obediente hacia el Poder y que sea la que genere un nueva manera de vivir y relacionarse basada en el apoyo mutuo y la solidaridad. El Primero de mayo tiene que volver a significar lo que siempre significó: ¡la lucha, la fraternidad y la solidaridad de todxs lxs trabajadores del mundo, el símbolo más imponente de empatía entre nuestros iguales!

A los condenados los llamaron a hablar antes de sentenciarlos. No mostraron ni arrepentimiento ni remordimiento, era la sociedad la que estaba en juicio, no ellos:

August Spies, nacido en Alemania en 1855:

Hemos explicado al pueblo sus condiciones y relaciones sociales. Hemos dicho que el sistema del salario, como forma específica del desenvolvimiento social, habría de dejar paso, por necesidad lógica, a formas más elevadas de civilización. Al dirigirme a este tribunal lo hago como representante de una clase enfrente de los de otra clase enemiga. Podés sentenciarme, pero al menos que se sepa que en Illinois ocho hombres fueron sentenciados a muerte por creer en un bienestar futuro, por no perder la fe en el último triunfo de la Libertad y la Justicia. ¡Mi defensa es su propia acusación! Las causas de mis supuestos crímenes: ¡su propia historia! (…) Ya he expuesto mis ideas. Constituyen parte de mi mismo y si pensás que sos capaz de aniquilar es tas ideas, que día a día ganan más y más terreno, (…) si una vez más ustedes imponen la pena de muerte por atreverse a decir la verdad y los reto a mostrarnos cuándo hemos mentido digo, si la muerte es la pena por declarar la verdad, pues pagaré con orgullo y desafío el alto precio! ¡Llamen al verdugo!

Alberto Parsons, nacido en EEUU en 1848:

Yo como trabajador he expuesto lo que creía justos clamores de la clase obrera, he defendido su derecho a la libertad y a disponer del trabajo y de los frutos del trabajo. Yo creo que los representantes de los millonarios de Chicago organizados reclaman nuestra inmediata extinción por medio de una muerte ignominiosa. ¿Y qué justicia es la suya? Este proceso se ha iniciado y se ha seguido contra nosotros, inspirado por los capitalistas, por los que creen que el pueblo no tiene más que un derecho y un deber, el de la obediencia. El capital es el sobrante acumulado del trabajo, es el producto del trabajo. La función del capital se reduce actualmente a apropiarse y confiscar para su uso exclusivo y su beneficio el sobrante del trabajo de los que crean toda la riqueza. El sistema capitalista está amparado por la ley, y de hecho la ley y el capital son una misma cosa. ¿Creés que la guerra social se acabará estrangulándolos bárbaramente? ¡Ah no! Sobre su veredicto quedará el del pueblo americano y el del mundo entero. Quedará el veredicto popular para decir que la guerra social no ha terminado por tan poca cosa.

Jorge Engel, nacido en Alemania en 1836:

¿Por qué razón se me acusa de asesino? Por la misma que tuve que abandonar Alemania, por la pobreza, por la miseria de la clase trabajadora. Sólo por la fuerza podrán emanciparse los trabajadores, de acuerdo con lo que la historia enseña. ¿En que consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonan millones otros caen en la degradación y la miseria. Así como el agua y el aire son libres para todos, así la tierra y las invenciones de los hombres de ciencia deben ser utilizados en beneficio de todos. Sus leyes están en oposición con las de la naturaleza, y mediante ellas robás a las masas el derecho a la vida, la libertad, el bienestar. Yo no combato individual mente a los capitalistas; combato el sistema que da privilegio. Mi más ardiente deseo es que los trabajadores sepan quienes son sus enemigos y sus amigos.

Adolfo Fischer, nacido en Alemania en 1857:

Este veredicto es un golpe de muerte a la liber tad de prensa, a la libertad de pensamiento, a la libertad de la palabra en este país. El pueblo tomará nota de ello. Si yo he de ser ahorcado por profesar las ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonc es no tengo nada que objetar. Si la muerte es la pena correlativa a nuestra ardiente pasión por la libertad de la especie humana, entonces, yo les digo muy alto, dispongan de mi vida.

Luis Lingg, nacido en Alemania en 1864 (Apareció muerto en su celda: un fulminante de dinamita le voló la tapa de los sesos. Sin más opciones, este fue su acto final de protesta):

Para nosotros la tendencia del progreso es la del anarquismo, esto es la sociedad libre sin clases ni gobernantes, una sociedad de soberanos, en la que la libertad y la igualdad económica de to dos producirían un equilibrio estable con bases y condición del orden natural (…) Me concedés, después de condenarme a muerte, la libertad de pronunciar mi último discurso. Me acusás de despreciar la ley y el orden. ¿Y qué significan la ley y el orden? Yo repito que soy enemigo del orden actual y repito también que lo combatiré con todas mis fuerzas mientras tenga aliento para respirar (…) No, no es por un crimen por lo que nos condenan a muerte, es por lo que aquí se ha dicho en todos los tonos: nos condenan a muerte por la anarquía, y puesto que se nos condena por nuestros principios, yo grito bien fuerte: ¡soy anarquista! Los desprecio, desprecio su orden, sus leyes, su fuerza, su autoridad. ¡Ahórquenme!

Relato de la ejecución por José Martí, corresponsal en Chicago del periódico La Nación de Buenos Aires:

Salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro… Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: «la voz que vas a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora». Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable.

Luna S.

Bibliografía

Los Mártires de Chicago, (s.f). Recuperado el 24/05/2016, de http://madrid.cnt.es/1-de-mayo/historia/

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