¡Abajo el Gobierno!

Ya ha pasado más de un año desde que la familia Macri se encuentra al Poder, y la polémica por el perdón de la deuda a Franco Macri, padre del actual presidente, contraída con el Estado por el Correo Argentino es una literal e incluso burda evidencia de la impunidad que el Poder le otorga a los gobernantes y sus familiares/amigos.

El ciudadano “oficialista” que votó a Cambiemos se encuentra muy confundido gracias a la hegemonía capitalista y exclama resignado: “y bueno, es normal, los Kirchner también hicieron negocios con sus amigos y familiares. Lázaro Baez, Cristobal López, Máximo Kirchner, etc. también se enriquecieron con corrupción”, naturalizando y defendiendo así los intereses de los gobernantes en contra de los suyos. Ciertamente los K también se repartían la torta entre ellos, sus amigos y familiares. Todos los gobernantes lo hacen, todas aquellas personas que acceden al Poder (también sucede a niveles menores, ya sean líderes sindicales, jefes de instituciones religiosas, cabecillas de partidos políticos, etc.) y que por ende se vuelven “autoridad” con la potestad de hacer o deshacer leyes, de tener a la policía y los milicos a sus órdenes, de tomar todas las decisiones referentes a la administración de los recursos, etc., utilizarán su posición social (adquirida “democráticamente”) por encima del resto, para por un lado acrecentar su privilegio, y por otro fortalecer su Poder. Básicamente sostener el círculo vicioso de dinero = Poder, Poder = dinero.

Es hora de entenderlo de una buena vez: cuando una persona, sea quien sea, venga de donde venga y profese la ideología que profese, aunque sea en nombre del pueblo o del proletariado, cuando se vuelve gobierno, pasa a tener otros intereses, pasa a tener más en común con otros gobernantes (aunque sean ideológicamente distintos) que con los gobernados. Esta complicidad entre gobernantes se debe a que ambos, del color que sean, se encuentran jurídica y legalmente (en el pasado esta superioridad estaba justificada religiosamente, por ejemplo, los reyes eran los representantes de Dios en la Tierra) por encima del resto de las personas. Así, el interés de todo gobernante es el mismo: “seguir siendo gobierno”. Un claro ejemplo fue la intervención soviética durante la revolución española. Los comunistas (esos de color rojo que supuestamente buscan la emancipación de los trabajadores) bajo las órdenes de Stalin prometían enviar fusiles y armamento con la condición de que se volviese a formar un Estado democrático que en aquél entonces se había disuelto. Luego de idas y venidas, se aceptaron las condiciones impuestas por los estalinistas, quienes enviaron armamento que, no casualmente, era inservible. Así, tanto Stalin como Franco, los fascistas y los demócratas americanos, más allá de sus diferencias ideológicas, compartían el mismo interés: seguir siendo gobernantes, saboteando una revolución cuyo mensaje les daba terror: vivir sin Gobierno.

Está claro que los gobernantes no pueden serlo sin la complicidad de ciertos sectores de la población a la cual gobiernan. Es fundamental para permanecer como gobierno aliarse con algún sector de la burguesía o de los terratenientes, sean nacionales o extranjeros. Un gobierno sin el apoyo de alguna parte de las clases privilegiadas tiene muy pocas chances de seguir en el Poder. Así, el Peronismo apelando al nacionalismo y al proteccionismo busca apoyar su Poder con la alianza o la creación de una burguesía nacional, oponiéndose a los sectores económicos más cipayos que buscan enriquecerse más que nada con la exportación y la importación (de ahí la eterna lucha del Peronismo con la sociedad rural, los dueños, desde siempre, de la Argentina). En cambio, los gobiernos de tinte liberal, como el de Macri y sus secuaces de Cambiemos, basan su estrategia económica en los sectores económicos exportadores, abriendo las fronteras, buscando inversiones extranjeras, desarrollando el campo y empobreciendo la industria nacional. Obviamente estas formas distintas de gestionar el Estado y el Capital acarrean distintas consecuencias, pero al largo plazo, como podemos ver luego de 12 años de kirchnerismo para caer en un neoliberalismo vergonzoso, ambas estrategias conducen al ajuste y la miseria, y esto se debe por una razón: ambas se apoyan en la explotación del pueblo en beneficio de los gobernantes y sus sectores aliados (que incluye a los sindicatos alineados con el gobierno, los jefes de las policías y los militares, etc.)

Ya Bakunin lo decía en el siglo XIX y las cosas no han cambiado mucho desde entonces: “(…) ningún Estado puede existir sin una conspiración permanente, conspiración que, por supuesto, está dirigida contra las masas trabajadoras, para su esclavización y arruinamiento”. Ya lo dijimos más arriba, no es lo mismo ser gobernados por el peronismo o por los liberales, los mismos tienen grandes diferencias a nivel estratégico y político, así como tampoco es lo mismo un fascista que un demócrata, pero a pesar de sus  diferencias, todos concuerdan en la necesidad de un Estado y un Gobierno, justificando así la propiedad privada de los medios, herramientas y terrenos necesarios para la satisfacción de las necesidades elementales de los individuos, aceptando e incluso promoviendo la división de la sociedad en clases sociales. ¿Cuántos de nosotros nos quedamos en las calles por no poder pagar un alquiler? ¿Cuántos de nosotros vivimos con la soga al cuello para llegar a fin de mes, pagando las cuotas atrasadas de la tarjeta de crédito, o el préstamo del Banco para poder comprar una casa, o una moto o un auto? ¿Cuántos de nosotros nos la pasamos laburando todo el año para enriquecer al patrón sin siquiera poder tomarnos dos miserables semanas de vacaciones porque necesitamos pagar las deudas? Y estas lacras que nos gobiernan, mofándose en nuestras caras le quieren perdonar una deuda de 70 millones de pesos a los Macri, una familia cómplice de la dictadura del ´76.

Dejemos de creer en los gobernantes porque todo gobernante se representa a sí mismo y a los que lo apoyan. Sus intereses no son los nuestros. “Nada se asemeja más a un representante de la burguesía que un representante del proletariado”, decía Georges Sorel allá por el 1900. Empecemos a despreciar al Gobierno, a todo Gobierno, y a asociarlo con las injusticias que vemos día a día. Los gobiernos no son la solución a las injusticias, sino que son la causa de éstas. Maldigámoslos y escrachemos sus sedes y representantes. No los necesitamos, podemos y queremos resolver nuestros problemas nosotros mismos, cara a cara, y no votando a supuestos iluminados que en realidad son nuestros futuros verdugos. Comencemos a conspirar nosotros en su contra, no en beneficio propio como hacen ellos, sino en beneficio de todos, buscando expandir la libertad y la solidaridad con actos. Formemos asambleas de barrios en donde podamos discutir en iguales condiciones, sin intermediarios. Organicémonos por un mundo sin explotación. Por un mundo con relaciones sociales basadas en la solidaridad y el apoyo mutuo. Por la auto-organización de la sociedad en base a las necesidades sociales de todos y todas, y no en base a los caprichos del Capital.

¡Abajo el Gobierno!
-Fran Fridom

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