Editorial #2

Ya estamos en agosto del 2017. No estamos bien. No nos sentimos bien. La aguja del reloj sigue avanzando y las esperanzas no se renuevan, se oscurecen. Las cosas no parecen que vayan a cambiar.

La semana pasada fueron las PASO, esa especie de eliminatorias a las que son sometidos los distintos partidos políticos que se codean por sacar algunas bancas en el Congreso, creyendo que es posible representar a los explotados desde la cima de una tarima, hablando el lenguaje del Poder. El resultado estadístico es incierto: con tergiversación de datos y acusaciones de fraude de por medio, el ganador en última instancia sigue siendo Cambiemos. La información que tenemos no es del todo clara, como toda desinformación que recibimos de los medios de comunicación. El triunfo no importa si lo que insiste es lo mismo: un sistema en el cual los dominados nos acercamos por propia voluntad a reafirmar nuestra esclavitud, votando a favor de un partido político que está aplicando un ajuste económico. El macrismo va a seguir gobernando porque la consolidación de sus políticas se teje en otros planos más allá de las urnas, más allá de las militancias; podemos pesquisar algo del polvo del cual están hechas: buena voluntad, optimismo, promesas de inversiones y de prosperidad económica, odio hacia las políticas kirchneristas -cualquiera sean-, multiplicación de los organismos policiales, dureza en las represiones, despidos y ajustes, entre tantas otras. Nosotros, meros espectadores o padecientes. Todo esto evidencia no solo la podredumbre de la Democracia sino lo difícil que se vuelve sostener una chispa vital a nivel revolucionario, la pelea por otra alternativa.

Mientras el circo electoral avanzaba, el compañero Santiago Maldonado, desaparecido desde el 1ro de agosto, seguía (y sigue sin aparecer). Pero obviamente, ¿cómo íbamos a suspender las elecciones por un pibe que desaparece? El show debe continuar, y se lo sigue llamando democracia. Mientras nos mienten en la cara, y “cuentan sus votos, nosotros contamos desaparecidos”.

Compañeros y compañeras, se vienen tiempos difíciles, tiempos de “crisis” como suelen decir. Es en estos momentos de ajuste y represión en donde tenemos que estar más juntos que nunca, tratar de dejar las diferencias de lado, y lograr construir alternativas de lucha, profundizar lazos y, sobretodo, coordinar proyectos. Hagamos de la crisis una oportunidad para afianzar al movimiento anarquista. Escribamos, publiquemos, hablemos, debatamos y salgamos a la calle. Tenemos muchas cosas que decir, y hay mucha gente con la que podemos simpatizar.

Esperamos que este segundo número sume su granito de arena a la lucha por un mundo libre.

Nos vemos en las calles.

-Editores

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