En torno al 2×1

No sé, quizás por haber vivido la cárcel me cuesta, incluso a gente con la que no tengo nada que ver, desearles la cárcel, quizás sea idiota. Pienso que la justicia no se arregla a base de cárcel, eso es algo muy importante para mí, pero es una reflexión, diría…ética, es decir lo siento por ellos y al mismo tiempo me deja estupefacta cuando oigo, no sé…sabes, los responsables… siempre hay algunos que intervienen, familias de asociaciones de víctimas que dicen “esperamos que tengan condenas muy fuertes” y yo digo una cosa: “¿en qué”. Es algo general, no es algo que nos concierne, nada que ver, además no me siento aludida, ¿pero cómo puede reparar tu sufrimiento el sufrimiento de otro? Pues sí, es verdad que los capitalistas derraman mu cha más sangre que la que nosotros jamás podremos derramar. Así que, respecto a esto, es verdad que Messier en tanto que responsable es un engranaje de esta máquina, ha hecho mu chas cosas, llenándose los bolsillos, ¿pero acaso se resuelve el problema condenándolos a mucho tiempo de cárcel? Ya te digo que aquí tengo un problema, para mí la cárcel es… algo destructor. El mejor castigo que se podría encontrar para esta clase de personajes es quitarles su poder nocivo. Para mi es la mejor victoria que puedes lograr respecto a ellos. Es encontrar, no sé, no tengo la solución, pero es encontrar las mane ras, porque no creo que haya sólo una, de hacer que el poder nocivo de estas personas, de éstas y de muchas otras, deje de existir, y que seamos capaces nosotros, todas las personas que no quieren esta situación, tengamos la capacidad de crear otra cosa que haga posible la vida. Por eso me molesta la historia de, bueno, 300 años de cárcel, estamos siempre en la misma lógica de muerte, y ya basta de lógica de muerte.

Respuesta de Joëlle Aubron (militante de Accion Directe, grupo armado de agitación anarquista francés, condenada a cadena perpetua con un mínimo de 18 años) frente a la pregunta de si Jean-Marie Messier, empresario multinacional francés acusado de malversación de fondos, merecía 300 años de cárcel. – Extraído del documental Ni viejos ni traidores.

La existencia misma del Estado exige que haya alguna clase privilegiada vitalmente interesada en mantener esa existencia. Y son precisamente los intereses de grupo de esa clase los que se llaman patriotismo.

Bakunin

El intento de la corte suprema de beneficiar con el 2×1 a los represores encarcelados por derechos de lesa humanidad es una evidencia más de que nos encontramos frente a un gobierno vergonzosamente neoliberal y de derecha. Según ellos, así como para una gran parte de la población, los militares hicieron lo correcto durante la última dictadura militar argentina, ya que si éstos no hubiesen intervenido, dicen, el país hubiese sucumbido a la guerra civil, a la destrucción de la Patria y la democracia. Fueron ellos, los héroes de la tortura y el secuestro, los encargados de salvarlas, incluso si el costo eran 30.000 vidas humanas. Pero, ¿qué quieren decir cuando hablan de “patria” y de “democracia”? ¿Qué es la Patria? ¿Qué es la democracia? Creo que no hace falta mucho esfuerzo para darse cuenta que nuestra preciada “patria democrática” no se asemeja en nada a un supuesto gobierno del pueblo que une a sus ciudadanos, sino que más bien, lo que tenemos es a un pueblo que es gobernado y separado mediante la competencia sin sentido y el individualismo egoísta. Hoy por liberales, ayer por peronistas. Unos pocos arriba robando y dirigiendo, otros muchos abajo trabajando y obedeciendo.

¿Cómo puede ser que sea el pueblo mismo el que elige ser gobernado, yendo voluntariamente a las urnas a elegir a sus verdugos? Esto se logra mediante varios condicionamientos socio-culturales, siendo uno de los más importantes el invento de la Patria. Desde la escuela y la familia tratan y consiguen ligar afectiva y emocionalmente a los individuos a una supuesta “Patria Argentina”, esto es: un conjunto de símbolos como una bandera (diseñada por unos pocos), una historia (contada por los que ganan), una geografía delimitada por fronteras (definidas mediante la guerra entre los distintos Estados), una tradición (importada desde Europa), una ética y una cosmovisión del mundo (basadas en la lógica mercantil) etc., por la cual debemos trabajar y sacrificarnos para que alcance grandeza, e incluso, llegado el momento, habrá que matar o dejarse matar por ella. Es el mismo Estado, ese enorme leviatán encargado de “mantener la paz”, el que alimenta, entrena y forma a militares y policías, los patriotas por excelencia, encargados de arrestar, torturar, encerrar y matar a los pobres en defensa de los ricos, en defensa de la Patria.

Nosotros sabemos que todo ese cuento es invento para dominarnos y separarnos de todos nuestros hermanos y hermanas que también son explotados y asesinados por otras Patrias. La Patria no es más que una abstracción simbólica, un engaño a través del cual los ricos, los gobernantes y todos los otros interesados en mantener el actual estado de las cosas, logran que sus intereses particulares de clase, de dominadores, sean vistos como los intereses de toda la sociedad, de allí, por ejemplo, los eslóganes políticos de Cambiemos que dicen “Ahora más juntos que nunca” o “juntos venimos bien”, apelando, ahora más que nunca en un contexto de ajuste, a nuestro sacrificio por el bien de la Nación. También podemos nombrar a la famosa “grieta”, en referencia a los K y sus seguidores por un lado, y los Anti-K por el otro, pero esta grieta, esta separación es más que nada ideológica, ya que lo que diferencia a ambas propuestas gubernamentales son formas de gestionar el Estado-Capital, sea apoyadas en una burguesía nacional industrial y el extractivismo, o en la apertura de fronteras para el comercio, la flexibilización laboral, la privatización del capital, etc., ambas se apoyan y demandan nuestro sacrificio por el bien de la Patria, evitando nombrar la verdadera grieta que divide a todo Estado capitalista: la separación entre los que tienen la tierra, las herramientas, la riqueza y los recursos a su nombre, y los que no tienen más que vender su cuerpo y energía por un salario para que esas tierras y herramientas produzcan algo. He allí la verdadera separación que no quieren que veamos y que tapan con mera ideología. Nos hablan tan bien de los Estados, de las banderas y de los presidentes, del progreso capitalista, de las leyes y la constitución, pero ¿cómo algo que nace a partir de la sangre derramada de la colonización y el exterminio de los nativos americanos, y que se sostiene con el hambre diario de una gran parte de la población, mientras un pequeño grupo de personas disfruta y nos gobierna puede ser algo bueno y necesario para nuestras vidas? Empecemos a ver las cosas como son: la Patria, junto con sus fronteras y sus cárceles, deben ser destruidas para poder hermanar en solidaridad y apoyo mutuo a los pueblos, buscando alcanzar la libertad en la cooperación y no en la competencia. Esto también es lo que entendieron e intentaron llevar adelante, con todas las críticas que se le pueden y debemos hacer, las organizaciones armadas de los ´70 (montoneros, FAR, ERP, etc.).

Fue por ese sueño de construir un mundo nuevo basado en la igualdad económica y la justicia que una gran parte de esa generación tomó las armas, no ya para abatir al Estado y su Patria, sino para apoderarse del mismo, buscando crear una nueva Patria “proletaria” o “peronista” (y he allí, desde la perspectiva anarquista, su error, pero no nos adentraremos en ese tema ahora ya que merecería un debate aparte muy interesante y cuyo análisis es una deuda en el movimiento anarquista). Como bien sabemos, el enfrentamiento militar entre las organizaciones y el Estado finalizó con el triunfo del Estado burgués argentino que entre 1976 y 1983 secuestró, torturó, asesinó y desapareció a más de 30.000 personas. Luego de 7 años de dictadura militar, con el retorno a la democracia de la mano del presidente Raúl Alfonsín, comienzan los llamados “Procesos de memoria, verdad y justicia”. Los mismos buscaban llevar a los responsables de la junta militar frente a la Justicia burguesa. De esta forma, se dictamina la culpabilidad y se condena al encierro a los militares involucrados. Más tarde, en junio de 1987, también durante el gobierno alfonsinista, acontece el “alzamiento carapintada”, el cual fue llevado adelante por una parte de las fuerzas armadas con la intención de finalizar los juicios a la junta militar. Dicho alzamiento llevó al Estado a sancionar las leyes de Punto Final [1] y la ley de Obediencia Debida [2]. El gobierno radical de turno, que, presionado por la población, estaba llevando adelante la condena a los militares, decide dar un paso atrás frente a la presión de las fuerzas armadas. ¿A qué se debe este cambio de postura? Simple: una de las principales características del Estado Burgués, por no decir la principal, consiste en el monopolio legítimo de la violencia, es decir, que el Estado se apropia de todos los medios, tanto físicos (armas), como político-jurídico-filosóficos (leyes, constitución, etc.) de ejercer la violencia de forma legítima, de forma legal, en “beneficio de todos”. Un Estado sin el monopolio legítimo de la violencia no puede existir, ¿sino cómo podría mantener esa grieta entre ricos y pobres, entre dominados y dominadores? Si a la ley no la respalda la fuerza, la misma sería lo que realmente es: letras sobre un papel. Es por eso que, cuando las fuerzas armadas mostraron su malestar con el gobierno por los juicios a los represores de la dictadura, éste tuvo que dar marcha atrás y frenar los procesos. ¿Cómo se defendería frente a los Estados extranjeros, y frente al pueblo que oprime si los militares no respondieran a su llamado? ¿Cómo sostendría la dominación sin soldados dispuestos a sacrificarse por su mantenimiento? Creo que esa fue la razón principal del congelamiento de los procesos. Por otro lado, enjuiciar a un soldado por haber cumplido las órdenes de sus superiores, aunque éstas fuesen atroces, es un cuestionamiento directo a la lógica militar (de la cual, como ya dijimos, no pueden prescindir) porque ésta se basa en la autoridad y la jerarquía pura, demandándoles a los soldados que se limiten a obedecer y no a pensar y discutir las órdenes de sus superiores. Es decir, les hace renunciar a lo que nos vuelve humanos: la posibilidad de discernir entre lo que está bien y lo que está mal, la posibilidad de decir “no”. Los vuelve meras máquinas, y esto es lo que la ley de “obediencia debida” vino a salvaguardar. El deber de un soldado es obedecer, y no pensar, y he allí el por qué los soldados son enemigos del pueblo. Ya lo decía Bakunin:

La educación de los militares, desde el soldado raso hasta las más altas jerarquías, les convierte necesariamente en enemigos de la sociedad civil y el pueblo. Incluso su uniforme, con todos esos adornos ridículos que distinguen los regimientos y los grados, todas esas tonterías infantiles que ocupan buena parte de su existencia y les haría parecer payasos si no estuvieran siempre amenazantes, todo ello les separa de la sociedad. Ese atavío y sus mil ceremonias pueriles, entre las que transcurre la vida sin más objetivo que entrenarse para la matanza y la destrucción, serían humillantes para hombres que no hubieran perdido el sentimiento de la dignidad humana. Morirían de vergüenza si no hubieran llegado, mediante una sistemática perversión de ideas, a hacerlo fuente de vanidad. La obediencia pasiva es su mayor virtud. Sometidos a una disciplina despótica, acaban sintiendo horror de cualquiera que se mueva libremente. Quieren imponer a la fuerza la disciplina brutal, el orden estúpido del que ellos mismos son víctimas.

Los gobiernos que le sucedieron al de Alfonsín también intentaron reconciliar a la gente con las fuerzas armadas, relación que gracias a la dictadura militar y a la derrota en la guerra de Malvinas se había deteriorado fuertemente, hasta que, finalmente, en el 2003, luego de las revueltas del 2001 en las cuales se vio cuestionado el orden burgués y sus instituciones, el gobierno Kirchnerista que viene a recomponer y reestructurar la democracia capitalista, enarbolando la bandera de los derechos humanos, deroga las leyes dictadas por Alfonsín, y encierra a muchos de los militares declarados culpables de crímenes de lesa humanidad y de terrorismo de Estado (si tenemos que hablar en números –siempre pedimos números, ya que nos enseñan a ver a la vida de forma cuantitativa-, hay 1.120 acusados presos, 1.285 libres y otros 49 prófugos [3]). La justicia había sido finalmente alcanzada, o eso se creyó. Sin embargo, en mayo del 2017 bajo el gobierno de Macri, la corte suprema argentina intentó otorgarles el beneficio del 2×1 a algunos de los genocidas encerrados. Dicho beneficio consiste en que cada día de la condena del preso pase a contar como dos días, es decir, les reduce la condena a la mitad. Por ejemplo, si alguien tiene una condena de 10 años, con ese beneficio la misma se reduce a 5 años. Vale resaltar que dicho beneficio existía en una ley que estuvo vigente en los años 1994 y 2001, y que ya no lo está. Es importante resaltarlo, no para criticarlos desde la óptica democrática, sino para evidenciar que las leyes son suyas, que siempre lo han sido, y que con tal de ayudar a los perros guardianes de su privilegio y su poder, los jueces y esos seres que necesitan de leyes y títulos para sentirse algo, mienten, pisotean y tergiversan con tal de mantener sus privilegios y favorecerse a ellos y a sus principales aliados: los ricos.

Por suerte, el pueblo tiene memoria y salió a las calles para repudiar este fallo de la corte. Miles de personas salieron a decirle no a tamaña ignominia, logrando que la corte diese marcha atrás con dicha medida. Y es acá en donde quiero entrar en un debate complicado y delicado: Retomando la cita que abre este texto: ¿puede el sufrimiento del otro reparar mi sufrimiento? ¿Es justicia encerrar entre cuatro paredes a las personas por cometer delitos (término ambiguo que es, como casi todo, definido por el Poder)? Esas son unas preguntas muy profundas que la sociedad en su conjunto debe hacerse, porque la lógica de muerte solo conduce a más lógica de muerte. Por otro lado, si sabemos que los militares gestionaron una dictadura, y que dicha dictadura se hizo para defender la “patria democrática”, es decir a los intereses de los ricos, los terratenientes, los oligarcas, los Macri, etc., ¿es justicia encerrar solamente a los que apretaron el gatillo? Si ellos actuaban en defensa del capitalismo, ¿no sería verdadera justicia acusar al capitalismo y no solamente a una parte del mismo? ¿Condenar no ya a determinados personajes nefastos que bien merecen el repudio de todos, sino poner el foco en el verdadero problema: las condiciones materiales y psicológicas en las que vivimos, las relaciones sociales que mantenemos entre nosotros que hacen posible y justificable la tortura, la desaparición de personas, la miseria programada, las guerras y las crisis? Si queremos retomar la lucha de los 30.000 desaparecidos, si realmente deseamos justicia, debemos enfocarnos en combatir al capitalismo y al Poder en todas sus formas, no ya de forma militar y burocrática como ya la historia ha demostrado erróneo, sino de forma libertaria, de forma que los fines estén contenidos en los medios, y no justificando los medios por un fin determinado que nunca llega.

Que no se me malinterprete, no pretendo victimizar a los militares de la junta militar, seres que no demuestran misericordia y que disfrutan de la tortura y la desaparición merecen todo el rechazo y el repudio que están sufriendo ahora, o incluso aún más, pero creo que el problema, como dije más arriba, es mucho más profundo que darle castigo a los culpables de asesinar. El problema es el capitalismo. Las dictaduras, las guerras, las crisis, etc., no son más que el resultado lógico de una sociedad basada en relaciones sociales de explotación y dominación. Mientras no cambiemos la forma en la cual nos relacionamos, la cifra de desaparecidos (como ya bien sabemos, este mes de agosto hemos sufrido la desaparición del compañero Santiago “el lechu” Maldonado) seguirá aumentando. Recordemos: Argentina tuvo 5 dictaduras militares, Paraguay tuvo 5, Brasil tuvo 1, Chile tuvo 1, Uruguay tuvo 1, Bolivia tuvo 1. Todas compartían algo: el sistema económico capitalista. Si queremos cambiar el mundo nefasto en el que vivimos por un mundo basado en el apoyo mutuo y la solidaridad, el pensamiento punitivo (cuyo resultado más próximo es la cárcel) no puede entrar en la ecuación. Ataquemos las raíces de los problemas, no sus consecuencias. Hoy en día, la cárcel es una solución estatal a un problema estatal, es una solución capitalista a un problema capitalista.
Otro factor que es importantísimo destacar es el hecho de que mientras se les quiso otorgar el beneficio del 2×1 a los represores, se firmó la modificación de la ley N*24.660.

Un brevísimo resumen del contenido de la misma:

Esta reforma genera, a grandes rasgos, dos núcleos de problemas. Por un lado, endurece los requisitos para acceder a la progresividad de la pena. La reforma pretendería restringir o eliminar las salidas transitorias y la libertad condicional, borrar los estímulos educativos de reducción de la pena, así como limitar las posibilidades de incorporación al régimen de semilibertad (por ejemplo, salir a trabajar de día, volver a la prisión de noche) a quienes se encuentren detenidos por determinados delitos. La eliminación de derechos básicos y fundamentales como la educación y el trabajo (que en la cárcel suelen funcionar como premios y castigos) atenta contra las posibilidades posteriores de construir proyectos de vida alternativos al circuito del delito y la cárcel.

Como decía al inicio de la nota: no nos sorprendamos. Son liberales, demócratas, ricos. Son Garcas, con mayúscula. He aquí su lógica de por más coherente: en un contexto de crisis –término que habría que dejar ver como una “anomalía” del sistema, sino empezar a verlo como una etapa necesaria, coherente dentro del capitalismo, es el fundamento del capitalismo para seguir reinventándose, al igual que las guerras, éstas son una consecuencia lógica del capitalismo-, de ajuste, de tensión de la lucha de clases, la cuerda se comienza a estirar peligrosamente, el gobierno compra armamentos a EEUU por más de dos mil millones de dólares, intenta acortar la pena de los genocidas intentando limpiar sus nombres y el del ejército, aplica mayor mano dura en las reformas penales, crea una nueva policía, etc. Ellos se están preparando para lo que viene, y más vale que nosotros empecemos a hacer lo mismo: prepararnos para la lucha.

Debemos estar en la calle, haciendo propaganda, escribiendo y repartiendo, participando de las luchas sociales y creando espacios de debate y discusión, tanto entre compañeros anarquistas como entre la gente no necesariamente anarquista, pero que tenga inquietudes y ganas de ir más allá de la política. A veces cuesta mucho, hablar con la gente es difícil, a veces ni siquiera entre compañeros logramos entendernos, pero es una barrera que debemos lograr saltar, porque la revolución es un hecho social que comienza por la decisión personal de los individuos por autodeterminarse para luego expandirse y multiplicarse con el resto de los rebeldes. Ciertamente hoy en día los anarquistas somos una minoría, pero eso no debe desalentarnos, las revoluciones suelen comenzarlas las minorías, los grandes cambios suelen salir de pocas cabezas, pero para ser continuada por el resto de la gente, contagiando el deseo de libertad que todos tenemos dentro. Retomemos las luchas que se dieron en el 2001, en donde se había logrado evidenciar por un tiempo la miseria de la democracia, la mentira de la Patria. De un lado estaba el pueblo y del otro la policía. La guerra social estaba clara pero sin embargo no se supo profundizar el proceso que había estallado. Los partidos políticos se peleaban por aparatear las asambleas y las formas organizativas autónomas que iban surgiendo, y desafortunadamente el Estado logró rearmarse en base al discurso Kirchnerista que supo apropiarse de las luchas, salvando nuevamente al Estado/Capital, gobernando por 12 años, para luego finalmente, volver a caer en un gobierno liberal, y así hasta el infinito. Compañeros y compañeras, la derecha se cierne sobre Latinoamérica. O nos organizamos para enfrentarla juntos, demostrando que el anarquismo es una ética concreta que puede brindar soluciones a la cuestión social, o volveremos a ser testigos de un ajuste que luego de unos años le dejará el terreno listo a otro gobierno progresista que vendrá a salvaguardarnos de la “crisis”, completando el nuevo ciclo de la economía capitalista.

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 Fran Fridom

Notas

1-Con la ley de Punto Final se estableció la paralización de los procesos judiciales contra los imputados de ser autores penalmente responsables de haber cometido el delito de desaparición forzada de personas durante la dictadura

2-Con la ley de Obediencia Debida se estableció que los delitos cometidos por los miembros de las Fuerzas Armadas no eran punibles por haber actuado en virtud de la denominada “obediencia debida” -concepto militar según el cual los subordinados se limitan a obedecer las órdenes emanadas de sus superiores

3-http://www.perfil.com/politica/lesa-humanidad-hay-masacusados-libres-que-presos.phtml


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