¡Que el único desaparecido sea el miedo!

Ya la mecha es corta. Cargamos con varias represiones a cuestas. Cada movilización y cada manifestación es repudiada y reprimida con violencia, anotada a cuenta de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, funcionaria promotora y cómplice de este actual gobierno neoliberal; no la única responsable.

Hace diez días que Gendarmería desapareció a Santiago Maldonado. Santiago estaba resistiendo en Chubut, junto al pueblo Mapuche, la expropiación de sus tierras por parte de la multinacional Benetton. En la operación represiva desplegada por Gendarmería, se llevaron a Santiago y no se supo más nada de él. En una pericia reciente encontraron sangre y pelos en el asiento de un móvil, rastros de su ADN. Nada más. No se sabe más nada. Intencionadamente no se sabe más nada. “No está ni muerto, ni vivo…está desaparecido”. A su vez, Facundo Jones Huala, referente mapuche, perseguido tanto por el Estado chileno como por el argentino, se encuentra detenido y en huelga de hambre, luchando por la misma causa que Santiago. Los verdaderos rebeldes son enemigos de toda patria. Reprimidos por el kirchnersimo antes y por el macrismo ahora, ambos gobiernos responden con honores al llamado inmediato del Capitalismo. Reprimir. En este mundo no hay lugar para tierras ancestrales o reclamos originarios. La operación es mucho menos mística: tierra fértil, tierra vendida. La mercancía reina al Derecho a pesar de la legitimidad que los pueblos tienen sobre sus tierras.

Un fenómeno siempre dice más de lo que muestra. Empresa y policía son las únicas constantes del macrismo en particular y del neoliberalismo en general. Despidos, represión. Ajustes, represión. Precarización laboral, represión. Resistencias, represión. Acampes, represión. Cuando un cuerpo no puede más de las enfermedades que sufre, es el momento en que más anticuerpos produce para defenderse. Se defiende, desesperadamente, como puede. Salud aparente. La analogía es inmediata: a políticas nefastas, represión a ultranza. ¿Qué cuerpo más enfermo que la política de hoy, donde cualquier oportunidad por visibilizar y remarcar las fisuras de su funcionamiento es contestada con garrotes y violencia? Y no sólo eso. Ni hablar del aparato discursivo que despliegan los funcionarios para negar lo que pasa. “Es cierto, pero no es tan importante”, “es cierto, pero hablemos de otra cosa”. Desmienten. Eluden. Afirman la existencia del hecho pero minimizan sus consecuencias, le quitan valor. En sus declaraciones, la desaparición de una persona, tiene poco valor. No nos están mintiendo.

Inventan terrorismos, financiamientos y fantasmas de subversión. La paranoia comienza y da lugar a la cacería. El enemigo es siempre el otro. Parches frágiles de un barco agujereado. En un país que tuvo 30.000 desaparecidos, ¿qué le hace una mancha más al tigre? La desaparición es una política de Estado. El gobierno anterior también sabe de eso. Todavía seguimos esperando que aparezca Julio López.

El castigo ejemplar de la policía. Lo peor de lo peor: el pueblo contra sí mismo, protegiendo las espaldas de sus opresores. Verdadera enfermedad autoinmune. “Proteger y servir”, sí, claro. Los azotes tienen efectos radiactivos en los cuerpos. Nunca un golpe es sólo un golpe. Efectiva manera de educar: con cada embate se siembra el miedo de que ni se nos ocurra molestar al Poder, de que será mejor quedarnos en nuestras casas mirando Netflix. Tristeza política: temerosos de reaccionar frente a una desaparición. Disciplina y control. Respeto por las instituciones. Subestimación de las potencias colectivas y confianza en que la justicia democrática resolverá y solucionará el problema por nosotros. ¿Qué nos queda?, ¿votar y esperar?, ¿confiar en que alguien nos salve?, ¿malhumorarnos porque nuestros anhelos no se traducen en las urnas? Momento ¿Por qué no organizarse?, ¿dónde están nuestros aliados?, ¿y nuestras armas? ¿Cómo resistimos? Basta: seamos nosotros mismos el único punto de partida que movilice un cambio. Es posible. Hay ideas que nos convocan, hay temores comunes a los tiempos de hoy, hay razones suficientes para hacer notar lo que no soportamos, hay motivos para desobedecer, hay rabia que quiere expresarse. Tenemos una historia de lucha y rebeldía. Hagamos memoria. Tenemos fuerza, y mucha. Siempre la organización puede más que cualquier opresión, por más dura que ésta sea. Que la difusión de la norma mediante garrotazos no nos paralice. Obediencia debida las pelotas. Somos muchos, estamos por todas partes. Y nos prendemos fuego. Que el único desaparecido sea el miedo. Las calles son nuestras. El Estado es responsable. Recordémoselo. Que se les grabe en la cabeza. Que no puedan dormir tranquilos. ¡Que aparezca Santiago Maldonado YA!

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-Hermanos Karamazov

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