Tomar su ejemplo… ¿y por qué no las fábricas, los campos, las herramientas y la riqueza?

Las huelgas generales de protesta ya no conmue ven a nadie, ni a los mismos que las hacen, ni a aquellos contra quienes se hacen. Si la policía tu viera la suficiente inteligencia para no provocar, pasarían por un día festivo…Hay que buscar otra cosa. Nosotros lanzamos la idea: apoderarse de las fábricas.

Errico Malatesta

¿De dónde nace la falta de solidaridad con los reclamos, propuestas, movilizaciones y acciones de la clase trabajadora cuando sufre en carne propia el anunciado desenlace de los artificios capitalistas? ¿Por qué gran parte de la sociedad no sólo se siente incómoda con estos reclamos, sino que los rechaza y, por el contrario, justifica (implícita o explícitamente) los artilugios del empresariado en connivencia con el Estado? Se podría sugerir que los aparatos ideológicos de Estado son claros actores y constructores de esa discursividad hegemónica que reina en la opinión privada (eufemísticamente denominada pública). En el caso particular de los trabajadores de PepsiCo (como en toda lucha similar) los medios masivos de comunicación son el desenlace, el último engranaje que necesita la construcción narrativa del Poder para justificar despidos masivos a costa de maximizar ganancias de multinacionales, cierres injustificados de fábricas, acciones de las fuerzas represivas estatales, etc.

La batalla contra el discurso hegemónico es ardua y compleja, pero nunca se dará por perdida. Hay que advertir que los mercenarios de la desinformación utilizarán siempre los mismos sintagmas, los mismos conceptos vacíos y significados estáticos: “Cumplen la orden judicial”, “incidentes”, “usurpación ilegal”, “policías heridos”. El día de la represión policial, 13 de julio, Cristian Ritondo, Ministro de Seguridad bonaerense, defendió el accionar policial al sostener que “se actuó como se tiene que actuar” ante una orden de la justicia: “Cuando uno tiene 15 policías heridos, se sabe de dónde viene la violencia”.1 Y la célebre Patricia Bullrich, Ministra de Seguridad de la Nación, sostuvo: “Nuestro gobierno tiene como principio volver a la ley, eso significa que cuando un juez da una orden de desalojo hay que cumplirla”.2

Ritondo, la violencia viene del enorme despliegue represivo de tus siervos que se arrastran por cumplir órdenes en contra del pueblo trabajador. La violencia es desalojar mediante el uso de tu “fuerza legal” a trabajadores que reclaman por el derecho al pan. Violencia es desviar el discurso de la represión hacia esas pobres almas uniformadas que sólo “cumplían con su trabajo”. Violencia es que los ministros de tu gobierno de la felicidad se hayan aumentado el sueldo a $183.000 mientras crece el desempleo y la pobreza3. Violencia es la brecha inimaginable entre las multimillonarias ganancias de una empresa transnacional y la mayoría de la población. Violencia es mentir, y el Estado-Capital se funda sobre la mentira.

La compañía PepsiCo tiene ventas globales anuales por aproximadamente 60 mil millones de dólares y en sus empresas en todo el planeta tra bajan más de 300 mil empleados. Su sede central está en Purchase, Nueva York, y en 2016 obtuvo ganancias por 10,3 mil millones de dólares a nivel global. El 8% de esa montaña de dólares se lo debe a su división en América Latina. En Argentina, su facturación -sumando las divisiones bebidas y snacks- aumentó 800 millones de pesos en 2016 (y alcanzó los 3800), según el último balance publicado por la revista Mercado.

“Cese de operaciones” fue el eufemismo que utilizó PepsiCo, cuando en realidad daba comienzo a una cadena de operaciones para justificar lo injustificable: alegar una crisis mientras sus ganancias son inimaginables para la mayoría de la sociedad. ¿Pero no es acaso la “crisis” el motor del capitalismo? Un sistema que se basa en la especulación y en la explotación del trabajo ajeno en beneficio propio, que necesita de policías, leyes y cárceles para que funcione “ordenadamente”, ¿puede llamarse estable, seguro, no-crisis? Si la base misma es la competencia y la explotación, la crisis no debe considerarse como una anomalía, como una desviación o una mala gestión, sino que la crisis es el resultado lógico, es la esencia, es el motor que hace que el Estado-Capital se siga reproduciendo y maximizando ganancias.

Bullrich, volver a la ley, a tu inmaculada y metafísica ley regida por el Dios-Estado, es justificar el hambre, la incertidumbre, la desazón, la desigualdad, la iniquidad. Tu ley, la ley del opresor (como toda ley), la ley que el Estado como máquina de tortura inscribe en nuestros cuerpos es la que ultraja y humilla la vida, es la que defiende a un puñado de parásitos y hostiga a cualquiera que luche en contra de ellos. La ley, repito, defiende tu exorbitante sueldo de $183.000 por justificar represiones y despidos, por ser una especie ridícula de figura repetida que se encasilla en los altos puestos de Poder codeándose con toda la lacra social afín a tu execrable política.

Si hacemos el ejercicio de buscar información sobre la toma de la fábrica de PepsiCo y la posterior represión policial, la oración “15 policías heridos” se proliferará por diarios y sitios digitales. Los clásicos amigos de siempre (Clarín, La Nación, Infobae, entre otros) ya nos tienen acostumbrados. La respuesta en un cántico de los despedidos por la empresa el día 26 de julio en una nueva represión, esta vez ejercida por la Policía de la Ciudad al impedir que la movilización en apoyo a los trabajadores se dirija al Congreso para exigir la expropiación de la fábrica, es más clara que la de cualquier intelectual o catedrático iluminado: “No son obreros, no son trabajadores, son los milicos cuidando a los patrones”. Concisa, clara y ejemplar como esta frase que se vislumbra en una de las tantas banderas de los trabajadores: “Si no hay pan para nuestros hijos que no haya paz para los empresarios”.

En la mañana del lunes 26 de junio, los trabajadores decidieron entrar a la planta en resguardo de su fuente de trabajo y de la maquinaria. Más de mil almas solidarias, en una mañana helada, acompañaron el ingreso al grito de “PepsiCo no se cierra, ya la reincorporación”.

Los trabajadores y trabajadoras hicieron cortes sorpresivos en la Panamericana y en el microcentro porteño, bloquearon depósitos que la empresa tiene en la localidad de Tortuguitas, realizaron eventos y festivales solidarios, viajaron a Mar del Plata y realizaron bloqueos en las entradas de la planta y fueron a la municipalidad de Vicente López, gobernada por el primo del presidente, Jorge Macri, a preguntarle por qué mientras la empresa estuvo operativa en su territorio fue dos veces a sacarse fotos, y ahora se había convertido en una figura fantasmal.

La movilización del día 18 de julio frente al Ministerio de Trabajo y la inmediata construcción de la carpa frente al Congreso es una herramienta valiosa para visibilizar la lucha. Estas acciones dan lugar a la solidaridad de diversos grupos sociales como por ejemplo Madres de Plaza de Mayo (Línea fundadora), movimiento Ni una menos, Teatro x la Identidad, y apoyo de compañeros de otras fábricas que ayudan de diversos modos, recitales solidarios, charlas sobre el movimiento obrero, etc.

El día 26 de julio, desde la página de los Trabajadores de PepsiCo, se mostraba la movilización hacia el Congreso y el pedido por la expropiación de la fábrica. Luego se comunicaba:

Con una gran jornada de lucha logramos que el proyecto de Nathalia González Seligra, por la expropiación de la fábrica, sea puesto en votación para ser tratado sobre tablas logrando 130 votos a favor y 90 en contra (bloque Cambiemos). No se logró que se apruebe ya que se necesitan 3/4 de la cámara; pero ha logrado un amplio consenso para votar la expropiación en futuras votaciones. Seguimos con la carpa en Congreso luchando por nuestros trabajos y como bandera contra los despidos.5

La historia del movimiento obrero argentino tiene grandes conquistas en este sentido (en Argentina, 315 empresas han sido recuperadas por sus trabajadores a través de cooperativas autogestionadas, algunas de ellas son: Zanón, Brukman, Bauen, Forja, Crometal, Chilavert, Cristal Avellaneda, Gráfica Patricios, Renacer, Clínica Imecc, Unión y Fuerza, Comercio y Justicia)6. Si la política parasitaria se opone a que la clase que crea la riqueza sea dueña de sus propios frutos de trabajo, si se niega a la autogestión como respuesta a la explotación y al robo de la patronal, la iniciativa será apoderarse de lo que corresponde, apoderarse de la fábrica y de la riqueza.

Sin embargo, la lucha no termina ahí, ya que volverse gestores de la propia explotación no cambia tanto el eje. Eso el Estado-Capital lo sabe y por eso ha hecho leyes que permiten la expropiación, siempre y cuando las mercancías sigan circulando y los obreros sigan consumiendo, produciendo subjetividades serviles y mercancías intercambiables. Autogestionar fábricas que continúen dentro de la lógica mercantil, del beneficio y de la producción masiva reproduce la lógica capitalista. Sería como gestionar la propia miseria. Lo que debemos lograr es apoderarnos de las herramientas, los campos, las fábricas, y ponerlas a producir en base a las necesidades del pueblo, destruyendo a la Economía como esfera separada que somete al resto de los aspectos de nuestra existencia, transformando las relaciones sociales de producción y la forma en la que nos relacionamos unos con los otros en la cotidianeidad. La autogestión dentro del capitalismo no discute el problema del dinero, sino que lo reproduce de otra forma. Debemos dejar de lado la identidad obrera y trabajadora a la cual tanto el capitalismo como el comunismo rojo nos quieren reducir para que ellos, los gobernantes (del color que sean), sigan decidiendo por nosotros. No queremos ser trabajadores, porque ser trabajador significa ser una mercancía más que circula por el mercado de la cual se obtienen beneficios. No creemos en el orgullo obrero o proletario porque queremos negarnos como tales, no nos enorgullece agotar nuestras energías en trabajos que enriquecen a otros, no queremos laburar toda la vida y jubilarnos ya sin energías para disfrutar de la poca vida y vitalidad que nos queda, no queremos arruinar nuestro cuerpo ni por el patrón ni por el Estado (cuya esencia es la misma). Queremos ser libres, queremos producir y consumir en comunidad, en asociaciones libres y federadas con la participación directa de los individuos, cuya guía sea la propia comunidad y sus necesidad reales, teniendo como principio fundamental el apoyo mutuo y no un archivo de Excel que mide el retorno de inversión, especulando con la vida y el costo de mantener a un laburante. Queremos discutir y reír con nuestros hermanos y hermanas, y no ver en otro trabajador una amenaza o un competidor de mi puesto de trabajo. Deseamos debatir y tomar decisiones cara a cara, sin mediaciones y no ser confinados a ser “trabajadores” en las fábricas mientras los “políticos” toman decisiones por nosotros. Queremos apropiarnos de nuestras vidas. Queremos destruir el capitalismo y su Economía.

En definitiva: lo queremos todo.

Solidaridad-Ahora-y-Siempre1

-Vladimirovich y Fran Fridom

Fuentes

1-http://www.perfil.com/politica/ritondo-la-policia-actuo-como-tiene-que-actuar. phtml

2-http://www.lanacion.com.ar/2042735-el-desalojo-de-la-toma-de-pepsico-termino-con-15policias-heridos

3-http://www.infobae.com/politica/2017/05/17/los-sueldos-de-mauricio-macri-y-su-gabinetetras-el-aumento-de-la-paritaria-estatal/

4-http://www.revistaanfibia.com/cronica/cartelito-cinco-renglones/

5-https://www.facebook.com/Trabajadores-de-PepsiCo-en-Lucha-por-la-Reapertura-1856540987932227/

6-http://www.elsalmoncontracorriente.es /?Que-se-vaya-el-patron-3-ejemplos

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