Represor y genocida

Para garantizar la consolidación del Estado moderno se requirió que no hubiera más diversidad interna en el territorio usurpado a los pueblos preexistentes. Se anularon los tratados con los indígenas que garantizó que no se interfiera en la constitución del Estado, administrador del terror de ayer y de hoy. Esto es lo que se denomina genocidio constituyente: genocidios que dan origen a un Estado. Es decir, se construye una política que da lugar a instituciones y normativas que se fundan en el mismo momento que se realiza el genocidio. En este sentido, la construcción de cualquier Estado no está exenta de estas características de despojo por medio de la violencia tanto física como normativa.

En el caso del Estado argentino, para lograr su conformación y posterior consolidación, se puede mencionar, entre otras iniciativas estatales, la contratación en 1826 por parte de Rivadavia del general prusiano Rauch para “limpiar” la pampa bonaerense de los ranqueles; la campaña de Rosas al “desierto” en 1833 contra los indígenas pampas, ranqueles, tehuelches y mapuches; el exterminio de la forma de vida libre del gaucho para defender la frontera estatal contra el indio; la “Guerra de la Triple Alianza” en 1865-70 que utilizó de carne de cañón a indios y negros para masacrar a un pueblo hermano; la “Pacificación de la Puna” en la cual se produjeron fusilamientos masivos durante 1874 y 1875; y la “Campaña del desierto” de 1879  que se autodenominó “Proceso de Organización Nacional”. Las nefastas coincidencias son siempre las mismas y siguen vigentes hasta el día de hoy: valorizar el progreso, la lógica mercantil y descartar otras formas de vida que respetan y trabajan la tierra imposible de comprender para los apóstoles de la propiedad privada. Así lo ha manifestado el genocida Rauch: “Los indios ranqueles no tienen salvación porque no tienen sentido de la propiedad, evidentemente los ranqueles fueron los primeros anarquistas en estas tierras”.

Todas esas acciones de extermino hacia las comunidades originarias han estado sustentadas por una teoría política y filosófica que se replica en la opinión pública de hoy. La actual militarización del territorio responde a ese germen genocida y a una justificación por una gran parte de la sociedad que cree fervientemente en el discurso del Estado. Un discurso que nos hace creer que somos parte de él, cuando no somos nada más que ciudadanxs descartables y obedientes. Para ejemplificar ese discurso, nada más claro que citar al “padre del aula”:

Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa calaña no son más que unos indios asquerosos a quienes mandarí­a colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así­ son todos. Incapaces de progreso. Su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado (Sarmiento, El Progreso, 27 de septiembre de 1844).

En el contexto actual de lucha de los pueblos originarios, el jueves 23 de noviembre del 2017 a la mañana se publicó en el Boletín Oficial la promulgación de la prórroga de la ley 26.160. Ley que suspende el desalojo en los territorios recuperados por los pueblos originarios y promueve una tarea aún pendiente: un relevamiento de los territorios indígenas en el país. Hermanxs originarixs y compañerxs han luchado de diversas formas para la aplicación inmediata de esa ley. Sabían que podía ponerle un freno a la represión y al hostigamiento del Estado-Corporación hacia los pueblos que luchan por la autodeterminación; sin embargo, siempre se va a tener en claro que la Justicia es del opresor, que las leyes las hacen y deshacen a conveniencia de los que presupuestan la muerte.

Lo que sucedió parece una de esas distopías inasibles que se alejan de la realidad contemporánea; un cuento frío y desolador narrado en clave paradójica y en un estilo cínico e irónico sostenido por la pluma asesina del inhumano monstruo mercantil que todo lo devora; no parece, lo es.  Ese mismo 23 de noviembre, el juez Gustavo Villanueva –el mismo que mantiene preso ilegalmente al lonko Facundo Jones Huala– decidió y confirmó (nuevamente, por milésima vez) que la ley es puro cuento, pura ficción, pura demagogia de los poderes del Estado y que los cuentos no tienen asidero en la realidad: por eso ordenó desalojar la lof Lafken Winkul Mapu, ubicada en la zona del lago Mascardi en Bariloche. Esto siempre es posible gracias a toda la fuerza del Estado, gracias a la verdadera cara de esa máquina de opresión: cientos de policías federales, prefectos y gendarmes desalojaron, detuvieron e hirieron a mujeres, niñxs y hombres de la comunidad.

Fueron golpeadxs, detenidxs y precintadxs 5 mujeres y 5 niñxs, de entre 1 y 10 años de edad, separadxs de sus madres en un principio y devueltxs a consecuencia de los desgarradores llantos de lxs niñxs. Luego, las fuerzas represivas cortaron el acceso para que la solidaridad de organizaciones sociales nunca llegue a la lof. La ruta 40 fue y es una zona de guerra minada de mercenarios sin alma que por un “trabajo”, por un sueldo, o por ser parte orgullosa de ese cáncer social denominado policía, gendarme o prefecto,  son capaces de realizar cualquier atrocidad:

No nos dejaban ayudar a nuestros hijos y a nuestros nietos. Gritamos, pedimos ayuda, pedimos que se acercara una defensora, que trajeran agua o algo para calmar a mi nieto. Y ellos se nos reían en la cara y decían que ya iba a llegar la ayuda.
A mi hija que es menor de edad le pegaron, la arrastraron. Y no es la primera vez que es maltratada por este Estado que no tiene justicia para el mapuche, no tiene justicia para nosotrxs (María Coluan Nahuel, integrante de Lof Lafken Winkul Mapu).

“Nosotros no tenemos que probar lo que hacen las fuerzas de seguridad”; “Nosotros le damos a la versión de Prefectura el carácter de verdad”; “La violación de la Ley va a tener consecuencias”, sentencia la miseria inhumana encarnada en Germán Carlos Garavano, Ministro de Justicia y de Derechos Humanos y en Patricia Bullrich, Ministra de Seguridad en su ridícula conferencia de prensa. Sin embargo, en algo sí estamos de acuerdo, en la afirmación de quiénes son el Estado: “el juez, el Ministerio de Justicia, el Ministerio de Seguridad, Prefectura Naval Argentina”. Claro que esas instituciones de muerte son el Estado. La Vida está en otro lado.

No les alcanzó con reprimir y perseguir a miembros de la comunidad, sino que también dispararon con balas de plomo. Esa miseria que justifica la represión, la persecución y la violencia sistemática hacia los pueblos originarios y hacia toda persona que se solidarice, fue la que asesinó por la espalda a Rafael Nahuel de 22 años. Corporizada no solo en las manos del asesino Francisco Javier Pintos del grupo Albatros de la Prefectura Naval Argentina, sino también en todos los “periodistas” mercenarios que justificarán esa ejecución cobarde, en toda la lacra política que se excusará bajo la Ley, el orden, el Estado, la bandera, el “ser argentino”, el “defender la soberanía”, el “defender la patria” (mientras Benetton, por ejemplo, usurpa 900 mil hectáreas) y en toda la opinión pública que vuelve a creer en el eterno cuento del Estado, toda esa miseria inhumana, ejecutora y cómplice (dicotomía necesaria para significar), defensora de la inmaculada y sagrada Ley, vuelve a asesinar a un ser humano solidario con una causa justa.

A pesar de siglos de violencia sistemática del Estado hacia los pueblos originarios, ellxs insisten en vivir libremente, en organizarse en comunidad y de forma autónoma, respetando la Tierra y la Vida. La resistencia que se manifiesta en la recuperación de los territorios ancestrales que han sido usurpados por los que financian el despojo, por los terratenientes que presupuestan la muerte fieles al gobierno de turno, se multiplica. La acción directa contra la opresión se contagia. Crece como un virus que desgarra los cimientos de la brutalidad del rancio uniforme. Todo Estado es fascista, patriarcal y asesino. Todo Estado justifica la muerte en pos del privilegio de unos pocos. La omnisciencia del Estado represor y genocida se destruye con la rabia, la desobediencia y la solidaridad de lxs que queremos construir un mundo nuevo bajo los ruinas de la perfidia capitalista.

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Roscigna

Foto de portada: Colectivo Al Margen 

Fuentes

ARANDA, Darío. “El Estado se construyó sobre un genocidio”. Página 12 [en línea]. 10 de octubre de 2011. Fecha de consulta: 28 de noviembre de 2017. Disponible en: https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-178560-2011-10-10.html

ANRED. “Autopsia confirma que Rafael fue asesinado por la espalda”. ANRed [en línea]. 27 de noviembre de 2017. Fecha de consulta: 28 de noviembre de 2017. Disponible en: http://www.anred.org/spip.php?article15527

CLARO, Gioia. Cayó Rafael al piso y gritaba: “No puedo respirar, no puedo respirar”. Revista Cítrica [en línea]. 26 de noviembre de 2017. Fecha de consulta: 27 de noviembre de 2017. Disponible en: http://www.revistacitrica.com/cayo-rafael-al-piso-y-gritaba-no-puedo-respirar-no-puedo-respirar.html#prettyPhoto

NAHUEL, María Coluan. “Estábamos esposadas y no nos dejaban ver a nuestros hijos. Revista Cítrica [en línea]. 23 de noviembre de 2017. Fecha de consulta: 24 de noviembre de 2017. Disponible en: http://www.revistacitrica.com/estabamos-esposadas-y-no-nos-dejaban-ayudar-a-nuestros-hijos.html

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