Infiltrados, ellos. Anarquistas, nosotrxs.

¡Anarquista! No olvidamos. No vamos a olvidar. Que a la buena ciudadanía se le incruste en la consciencia, que a la decente militancia partidista se le grabe en la memoria. Santiago es anarquista. Sí, en presente. Aquí y ahora. Reviviendo en nosotrxs en cada acción directa, en cada intervención artística, en cada asamblea libertaria, en cada gesto de solidaridad y de organización por una sociedad libre.

Infiltrados, ellos: el patriarca, el amo, el jerarca, el policía, el ciudadano, el Estado. Nosotrxs, libres: la equidad, la solidaridad, la organización, la rabia, la empatía, la Anarquía.

El microfascismo ciudadano garante del orden y de la paz terrorista se vuelve a repetir una y otra vez. Lxs temibles encapuchadxs vuelven a ser criminalizadxs por la buena consciencia progresista que alimenta a un sistema asesino. Se olvidan que Santiago luchó encapuchado, cortando una ruta y resistiendo cuerpo a cuerpo con la comunidad Mapuche, se olvidan que Santiago reventó los vidrios del juzgado de Esquel, se olvidan que Santiago levantó la idea anarquista, es decir, la radical posición de no querer ser ni opresor ni oprimidx. No es casual que desde sus ideas anarquistas haya acompañado la lucha de la autodeterminación del pueblo Mapuche, una lucha que a pesar de las diferencias coincide en una lectura clara de lo que es el Estado-Capital: una máquina de exterminio que sojuzga a los pueblos y prioriza la ganancia antes que la Vida.

Siempre vamos a incentivar a la creación de ese mar de furia, de amor y de rabia que todo lo arrasa, a esa columna negra y roja que todo lo desborda. Ese mar negro es una de las tantas herramientas que se conjuga con otras formas de lucha y resistencia en la diversidad de los espacios, ya sean educativos, culturales, laborales, sindicales o barriales, y sobre todo en el espacio visible, público: la calle. No hay que perder de vista esas ideas, esos objetivos. Sin embargo, para llegar a esa etapa con fuerza debemos urgentemente visibilizar al movimiento anarquista. Con nuestras gargantas y nuestros cuerpos tenemos la imperiosa necesidad de acallar a la putrefacta difamación de la buena y ejemplar ciudadanía (militante o no) que se esfuerza intensamente por emularse con el uniforme y la gorra. Somos organizaciones e individualidades libertarias dispersas, pero miles de espíritus a la espera de un grito común. A raíz del secuestro y asesinato de Santiago por el Estado, las calles se tiñen de negro con más notoriedad. Pero no estamos coordinadxs. Por estos motivos, el contexto amerita conformar una red que potencie al movimiento anarquista y sus diversas tendencias, fomentando un impulso organizativo anti-autoritario y anti-patriarcal que implique la autonomía de las fuerzas asociadas.

Multiplicar la lucha libertaria. Crear espacios libres de opresión, libres de iluminados jerarcas sectarios con la única verdad revolucionaria. Aprehender de los pueblos originarios y de las compañerxs feministas, callar cuando tengamos que callar, no monopolizar el discurso, cuestionar nuestros privilegios y tener más preguntas que impulsen la libertad que certezas que la coercionen. En fin, contagiar la hermosa desobediencia que se plasma en todas nuestras banderas, en todos nuestros periódicos, en todos nuestros panfletos de divulgación libertaria, en todos nuestros gritos y en todos nuestros cuerpos. Para contrarrestar la ignorancia pública, la consciencia cómplice que sirve en bandeja a compañerxs que han actuado como Santiago y la difamación policial de la militancia partidista, necesitamos visibilizar cada vez más la idea libertaria.

En esa visibilización que levante la lucha de los pueblos originarios y la idea anarquista (confluencia por la que luchó Santiago), la idea y la acción de vivir en libertad, de vivir en una sociedad sin Estado, sin patriarcado, sin partidos, sin burocracia, sin cárceles, y sin ningún tipo de policía, ni de azul, ni de rojo, ni ciudadano; en esa muestra de fuerzas que luego confluya en asambleas libertarias en el centro del poder político, en intervenciones artísticas, en publicaciones que divulguen el anarquismo, en la autogestión organizada y solidaria de la vida que le expropie tiempo al Patriarca-Estado, en acciones directas que cuestionen al Poder y contagien a cada espíritu ese nudo en la garganta afín al sentirse vivx, ese escalofrío de libertad que recorre los sentidos y ese impulso adrenalínico que atraviesa los cuerpos, los infiltrados serán ellos: los garantes del desorden establecido.

Vladimirovich

 

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