Territorios existenciales en disputa

Quien no se mueve, no escucha el ruido de sus propias cadenas.

Rosa Luxemburgo

Más trabajamos para el patrón, más consumimos nuestra existencia, encaminándonos rápidamente hacia un fin próximo. Más trabajamos, menos tiempo nos queda para dedicarlo a actividades intelectuales o ideales; menos podemos gustar la vida, sus bellezas, las satisfacciones que nos puede ofrecer; menos disfrutamos de las alegrías, los placeres, el amor. No se puede pedir a un cuerpo cansado y consumido que se dedique al estudio, que sienta el encanto del arte: poesía, música, pintura, ni menos que tenga ojos para admirar las infinitas bellezas de la naturaleza. Un cuerpo exhausto, extenuado por el trabajo, agotado por el hambre y la tisis no apetece más que dormir y morir.

Severino Di Giovanni

Los que hablan de revolución y de lucha de clases sin referirse explícitamente a la vida cotidiana, sin comprender lo que hay de subversivo en el amor y de positivo en el rechazo de las obligaciones, tienen un cadáver en la boca.

Raúl Venegem

 

Dime cómo vives y te diré qué tan esclavo eres

Escucho estas voces libertarias y dan un respiro, a veces el anarquismo doctrinario ahoga. ¿Cómo vibrar una existencia anárquica? ¿Cómo tejer una ética de vida que no predique vidas ni de recetas?

 

Cuéntame de tus rebeldías y desgranemos qué tanto obedeces

El compromiso es con lo vivo. Lo vivo como proceso creativo también comprende a la muerte. La muerte entendida como el fracaso de lo productivo capitalístico no tiene nada que ver con lo vivo.

La muerte, herida narcisista que más nos atraviesa. Si hay algo que el Capital no ha conseguido aún domeñar, es la continua transformación de la energía. El perfecto círculo de lo vivo: encuentro aleatorio, creación, materialización, deconstrucción, transformación y la vuelta al comienzo. El continium gaiático que llamamos caos.

 

Dime qué prácticas existenciales habitas y te diré quién eres

Sufrimos la vida, confundidos, y renegamos de la muerte. La leemos como fracaso de nuestra existencia, tan personal, tan íntima que nos desarma. Leemos lo vivo con los lentes del Capital que nos parió. Confundimos envejecer con fracasar, morir con la batalla final que siempre perdemos.

Nos queremos jóvenes, pudientes, productivos, estamos luchando continuamente contra el inexorable reloj de arena y sus tic tac. Sustraídos de lxs cuerpxs que portamos mendigamos salud a la policía médica, cuidados y seguridad al patriarca Estado, confianza a los que gestionan la democracia (como si todavía creyéramos en Santa). Pedimos que alguien nos venga a enseñar, rogamos pedagogos, porque la experimentación existencial nos parece muy riesgosa.

 

¿Cómo llegamos a esto que llamamos humanidad? ¿Cómo nos bajamos?

Atravesamos la piedra misma de la locura, nos exigimos adaptabilidad por no discutir las formas de vida que desarrollamos en favor del Capital y sus ganancias que nunca son nuestras, tarareamos luchas abstractas que no nos contienen, votaciones imaginarias que nos incluyen con sus mejores buenas conciencias inclusivas, de gobernarnos.

 

¡Conócete compa! ¡Encuéntrate compa!

¡Que somxs varixs y estamos en llamas, si nos organizamos arde la vida!

¡Desarma tus ataduras!

 

No casualmente, llamamos caos a todo lo que aún no comprendemos, decimos que es oscuro todo lo que aún no desplegamos. La razón desconfía de la oscuridad de la práctica, de la vida sin garantías. Vivimos en la contradicción de que no hay recetas para la vida y aún así nos cuesta horrores dejar de pedirlas. Pedimos referencias, damos explicaciones, justificamos actuares y buscamos en google qué quiere decir estar en la vida.

 

Dime cuánto te angustian tus verdades y te diré cuánto más libre eres

Tememos compartirnos y no ser correspondidos. Amar y que no funcione, que no nos quieran o nos traicionen. Sentir, pero que no duela. Creímos en Disney y ahora nos regalan antidepresivos en las guardias de los hospitales para sostener aquellos cuentos.

La historia es plebeya. La vida se escurre en los callejones más hediondos que no vemos, en las palabras que podríamos compartir pero pensamos que son tontas y a nadie le interesaría leer o escuchar. Nos hemos convertido en la brigada swat de la existencia, de lo vivo, de lo que nos descoloca, sacude o da vértigo.

 

¿Cómo construir juntxs una vida vivible?

 

Virginia Bolten


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