Embarrarse para cambiarlo todo

Lxs oprimidxs (…) o piden y acogen los mejoramientos como un beneficio, gratuitamente concedido reconociendo la legitimidad del poder que está sobre ellxs, y entonces hacen más daño que bien y sirven para retrasar la marcha hacia la emancipación o incluso para detenerla o desviarla. O, en cambio, reclaman e imponen los mejoramientos con su acción y los acogen como victorias parciales obtenidas sobre la clase enemiga y se sirven de ellas como estímulos, aliento, medio para conquistas mayores, y entonces constituyen una sólida ayuda y preparación para la liquidación total del privilegio, es decir, para la Revolución.

Errico Malatesta

El capitalismo y el Estado-nación representan al macho dominante en una forma más institucionalizada. La sociedad capitalista es la continuación y la culminación de todas las antiguas sociedades explotadoras. Es una guerra continua contra la sociedad y contra la mujer. Para decirlo de forma más sucinta, el capitalismo y el Estado-nación son el monopolio del macho tiránico y explotador.

Abdullah Öcalan

La historia del Estado es la historia del patriarcado y el ADN del Estado es patriarcal.

Rita Segato

En un momento determinado de la vida, las acciones pueden llegar a entrar en contradicción con el ideal, con el pensamiento. En los espacios de lucha tangibles se utilizan los elementos prácticos que brinda este nefasto sistema. Sin embargo, esa contradicción no anula bajo ningún punto de vista la legitimidad de aspirar a otro modelo de sociedad que coincida, por ejemplo, con principios anárquicos, con principios de libertad. La legitimidad de luchar, dentro de este sistema inerte y desigual, por otro modo de organización humana basada en la equidad, en la solidaridad, en la sustentabilidad económica que forje una sociedad plenamente libre, sin clases, basada en la empatía con todxs lxs seres y con la Tierra, no se desautoriza si como anarquistas nos embarramos, nos incomodamos, si luchamos en los procesos políticos-sociales “manteniendo los principios trabajando con lxs demás, en medio de lxs otrxs” (Kropotkin):

Todxs nosotrxs, sin excepción, nos vemos obligados a vivir más o menos en contradicción con nuestros ideales, pero somos socialistas y anarquistas porque sufrimos esta contradicción, en la medida en que la sufrimos y tratamos de reducirla al mínimo posible. El día en que llegásemos a adaptarnos al ambiente, se nos pasaría naturalmente el deseo de transformarlo y nos convertiríamos en simples burgueses: burgueses quizá sin dinero, pero no por ello menos burgueses en los actos y en las intenciones. (Malatesta, 2007, p.72)

El último proceso social en el que ha participado el movimiento feminista de forma masiva y en las calles ha sido en el marco de la ley por el aborto seguro, legal y gratuito. Unos días después, desde las redes sociales, lxs compañerxs feministas comenzaron a forjar la campaña por la separación de la Iglesia y el Estado. Ambos procesos pueden y deben recibir críticas que ayuden a profundizar el debate. Un debate que no se cristalice, que no se enquiste en la conquista legal, sino por el contrario que sea para remarcar incansablemente que la lucha no se agota en esa instancia que el poder patriarcal y estatal quiere solidificar. En la ficción del Congreso y en la realidad de las calles se disputan maneras diferentes de organizar lo vital. En la primera, “discursos revolucionarios” a favor de la ley provenientes de diputados que pertenecen a partidos que dividen y hambrean al pueblo como también “argumentos” retrógrados y reaccionarios por parte de los senadores; en la segunda, una marea verde que pese a las diferencias de sus integrantes mantiene una lógica organizativa opuesta a la patriarcal, es decir, una ética social que propone otra forma de vivir, de pensar y de sentir que rompe con estructuras que dominan hace miles de años.

Si lo anárquico, es decir, esa ética social mencionada que apuesta por transformarlo todo para relacionarnos de manera libertaria, se puede percibir en el movimiento feminista, es fundamental disputar la lucha en las calles donde éste se encuentre, en los espacios concretos como también en lo simbólico, en el discurso. Por ejemplo, en el binomio Estado-Iglesia, es una obviedad para lxs anarquistas que no sólo la Iglesia tiene que caer sino también el Estado. Y precisamente ahí, en esa lucha discursiva, entre otras, el anarquismo tiene que impulsar su visión histórica sobre el Estado. Advertir que no existe parte benefactora en la dicotomía, ambas son coercitivas. Porque muchxs compañerxs con sentimientos genuinos de transformación social todavía no tienen esta perspectiva sobre el Estado, y es por esa razón que lxs anarquistas debemos dar ese debate, esa lucha filosófica y material en las coyunturas prácticas que se van desenvolviendo en la historia.

Si vemos que los métodos con los cuales el movimiento feminista se organiza y lucha son horizontales, contrarios a la lógica capitalista, debemos estar ahí, de la forma en que se pueda, para impulsar la transformación de la vida:

Para nosotrxs la importancia mayor no reside en lo que se consigue, pues el conseguir todo lo que queremos, es decir, la anarquía aceptada y practicada por todxs, no es cosa de un día ni un simple acto insurreccional. Lo importante es el método con el cual se consigue lo poco o lo mucho. (Malatesta, 2007, p.71)

Una distinción lúcida y clave que realiza Errico Malatesta es la concerniente a reformas y reformistas. Esta diferencia es fundamental para profundizar sobre estas luchas parciales que impulsa el movimiento feminista y que, además, contemplan también otros horizontes, otros modos de habitar el mundo:

No es cierto entonces que lxs revolucionarixs se opongan a los mejoramientos y a las reformas. Se encuentran en contraste con los reformistas. La diferencia esencial está en el tipo de reforma que se desea y en el modo en que se cree poder llegar a la nueva forma a que se aspira. (Malatesta, 2007, p.81)

Para Malatesta (2007) “el error fundamental de los reformistas es soñar con una solidaridad, con una colaboración sincera entre patrones y siervos, entre propietarios y proletarixs” (p.78). En este sentido, el Estado como máquina de opresión que administra la ley y la violencia para mantener el statu quo mediante sus instituciones, nunca cesará su poder, ya que es el legítimo hijo del patriarcado, el primero de todos, ese que se forja bajo la tutela del macho dominante y mediante la ética de la propiedad privada:

 (…) no es una mera coincidencia que la primera autoridad poderosa que se estableció, fuera la autoridad sobre la mujer. La mujer representa el poder de la sociedad orgánica, natural e igualitaria que no ha experimentado relaciones opresivas y de explotación. El patriarcado no podría haber salido victorioso si ella no hubiese sido derrotada; además, no podría haberse realizado la transición a la institución del Estado. (Öcalan, 2013, p.28)

Por lo tanto, para Malatesta (2007): `la paz social´ fundada sobre la abundancia para todxs seguirá siendo un sueño mientras la sociedad esté dividida en clases antagónicas, es decir, en propietarios y proletarixs” (p.78); resignificando los términos, podríamos decir en nuestro contexto histórico actual, entre una ética social feminista que impulse una vida libre sin opresores ni oprimidxs y una ética de la propiedad privada que sustente la lógica patriarcal de ese Estado que todxs llevamos dentro.

Tratemos de salir del pensamiento dicotómico, de la lógica binarista, y profundicemos los debates pero estando en medio de los acontecimientos. Esto no quita que esos acontecimientos sean incuestionables, como tampoco quita la autocrítica hacia las posiciones que eligen no embarrarse por los hechos políticos-sociales coyunturales. No despreciemos las luchas parciales, como tampoco nos estanquemos ingenuamente en esperar el momento preciso en que la Revolución nacerá de la nada misma, porque de obrar así, en las revueltas de diciembre por la ley previsional como en las manifestaciones de junio y agosto por la ley de la interrupción voluntaria del embarazo, nos tendríamos que haber quedado en nuestros cómodos hogares:

Hay, y ha habido siempre en todas las luchas político–sociales, dos clases de personas que embotan y aletargan las fuerzas. Existen los que encuentran que nunca se ha llegado a una madurez suficiente, que se pretende demasiado, que hay que esperar y contentarse con avanzar poco a poco, a fuerza de pequeñas e insignificantes reformas…que se obtienen y se pierden periódicamente sin resolver nunca nada. Y están los que simulan desprecio por las cosas pequeñas, y piden que nadie se mueva sino para obtener el todo y que, al proponer cosas quizá bellísimas pero imposibles de realizar por falta de fuerzas, impiden, o tratan de impedir, que se haga por lo menos lo poco que se puede hacer. (Malatesta, 2007, p.70)

En conclusión, embarrarnos, resignificarnos, incomodarnos y profundizar la lucha en todos los ámbitos es algo válido para todx revolucionarix. No alejarse de las luchas cotidianas que los movimientos organizados impulsan pero siempre fomentando dentro de ellos la rebeldía total hacia el Patriarca-Estado-Capital: esa hidra que está cayendo, no por condiciones externas y ajenas sin referencialidad alguna, sino por el impulso de un movimiento feminista crítico y contestatario que anuncia equidad y libertad:

Si para obtener un mejoramiento en la situación se renuncia al propio programa integral y se cesa de propagarlo y de combatir por él, y se induce a las masas a confiar en las leyes y en la buena voluntad de los gobernantes, más bien que en su acción directa, si se sofoca el espíritu revolucionario, si se cesa de provocar el descontento y la resistencia, entonces todas las ventajas resultarán engañosas y efímeras y en todos los casos cerrarán los caminos del porvenir. Pero si en cambio no se olvida el propósito final que unx persigue, si se suscitan las fuerzas populares, si se provoca la acción directa y la insurrección, aunque se consiga poco por el momento se habrá dado siempre un paso adelante en la preparación moral de las masas y en la realización de condiciones objetivas más favorables. (Malatesta, 2007, p.71)

Roscigna

 

Referencias bibliográficas

-Malatesta, Errico, Malatesta, pensamiento y acción revolucionarios, compilador: Richards, Vernon, Buenos Aires, Tupac ediciones, 2007.

-Öcalan, Abdullah, Liberando la vida: la revolución de las mujeres, Alemania, Internacional Initiative Edition, 2013.

-Segato, Rita. Contra-pedagogías de la crueldad, Buenos Aires, Prometeo Libros, 2018.

 

 

 

 

 

 

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