¡Antipueblo!

No es necesario que el pueblo haga nada para sí,

en tanto no haga nada en contra de sí.

Son los pueblos mismos los que se dejan o más bien se hacen dominar,

pues si cesaran de someterse pondrían fin a su esclavitud.

El pueblo es quien se somete, quien se corta el cuello,

quien eligiendo ser libre o esclavo abandona su libertad y carga el yugo,

quien consiente en su mal o más aun, lo persigue.

Queremos, precisamos, ser. Es intrínseca nuestra necesidad de libertad, es eso que diferencia vida y supervivencia. Siendo libres tomamos decisiones y asumimos las consecuencias, eso es libertad. Implica que cada quien haga lo que quiera con total responsabilidad, y entendiendo que en el momento en que se oprime la libertad, deja de ser libertad y pasa a ser opresión.

Existen dos factores que limitan el ejercicio de la libertad. Por un lado, constan las cuestiones de hecho, las leyes físicas, como la gravedad. Estas leyes intrínsecas e inescapables que condicionan nuestro estar en el mundo son necesarias y forman parte de la naturaleza en sí, no podemos elegirlas, sino que son (y somos). Por otra parte, están las condiciones sociales/económicas de vida, impuestas y manipuladas por el enemigo, esa minoría que domina al mundo a partir del sometimiento de todes les demás, las condiciones materiales. El que haya vidas totalmente mutiladas, empujadas a la necesidad de vender su tiempo y su voluntad para intentar sobrevivir, impedidas de formas planificadas para generar la posibilidad de autosatisfacer las necesidades básicas y el desarrollo individual es el azote continuo de la esclavitud que se ha ido moldeando y regenerando a través del tiempo e incluso nutriendo de nuestra lucha. Pero no nos dejemos engañar, la existencia y perpetuidad de esta forma de realidad se basa en una dominación política que ha logrado que les esclaves a les que somete la reproduzcan y se ataquen entre sí y a sí mismes. Es la sumisión lo que sostiene el sometimiento. Con cada práctica o perspectiva sometida, ya sea considerándonos incapaces de cambiar lo que nos rodea, o aferrándonos a relaciones opresivas sin atacar esas prácticas, sean de familia, amistad, laborales o amorosas, estamos haciendo más fuerte al enemigo, y estamos matándonos, como individues y como pueblo. Queda claro que participar de la democracia representativa, donde solo se fomentan los intereses de la minoría dominante, o exigir la sanción de una ley, súplica que legitima la estructura de dominio, son actos de boicot a la libertad, ¡antipueblo!, si no se utilizan como tácticas específicas dentro de una estrategia completa que contenga a su vez el pasado, el presente y el futuro, lo micro y lo macro, el adentro y el afuera, le individue y lo colectivo, si no forman parte de un camino decidido y audaz hacia la emancipación total.

Es mediante el adoctrinamiento, la domesticación, a través de costumbres opresivas, que el enemigo se asegura la negación de les individues, sosteniendo así el sometimiento y el privilegio. Prepara las condiciones para poder atacar incluso antes del nacimiento a este ser de fuerzas y voluntad creativas. Este conjunto de costumbres se legitima mediante las perspectivas sometidas que cumplen el rol de distorsión de las condiciones verdaderas para enajenarnos de nosotres mismes y de lo que nos rodea, de lo que formamos parte. Así, como si fuese un circulo sin principio ni fin, se entrelazan y retroalimentan las tres grandes circunstancias que componen la situación global: el patriarcado, el sometimiento a les niñes y la explotación político-económica. Pero, todo esto tuvo un principio y también va a tener un final; la libertad es absoluta y está siendo atacada desde hace siglos.

Entonces, ¿qué monstruo de vicio es este,

que no merece ni siquiera el título de cobardía,

que no encuentra un nombre lo bastante horrendo,

que la naturaleza niega haber hecho y la lengua se rehúsa nombrar?

Mezcla de ignorancia, pasividad y cobardía. Autocrítica ausente. Esclavitud conforme, individue mutilade, servidumbre voluntaria. No se puede mantener esclave a quien no concibe la posibilidad de serlo. La rebelión no es solo desafiar al enemigo, sino que, más aún, es desafiarnos a nosotres mismes. Quienes manipulan la realidad no tienen, ni pueden tener, la capacidad de sostener sus privilegios si la dignidad desborda del pueblo auto-organizado consciente de sus capacidades, posibilidades y responsabilidades y al pueblo lo construimos todes y cada une de les que formamos parte.

Es necesario que entendamos que producir de manera esclava para el enemigo no se trata solo de producir en el ámbito económico. Lo económico es una expresión de la dominación política, una herramienta de la misma. Si en nuestra mente y cuerpo comprendemos que lo que pensamos conduce nuestra manera de actuar, y que nuestra manera de actuar determina las condiciones que nos rodean, entonces queda claro que el pensamiento en consecuencia es materialidad. Y existen solo dos formas de pensar/actuar: o reproduciendo al enemigo, o combatiéndolo. Si entendemos que todes reproducimos adoctrinamientos que nos fueron impuestos, cada quien, en mayor o menor medida, cada quien, con distintas prácticas, aunque muchas se dan en general, llegamos a la conclusión de que tenemos que desarrollar una mente crítica capaz de distinguir entre prácticas libertarias y prácticas opresoras, profundizar en las causas y atacarlas en el proceso de des-adoctrinamiento interno y externo que, necesariamente, ocurren en simultaneo, atacando las prácticas, no a las personas. Cambiar mentes constituye un ataque material y para eso tenemos que desarrollarnos, ser capaces de reconocer al enemigo y conocernos a nosotres mismes. Es necesario que comencemos a destruir lo que somos para empezar a ser lo que queremos, lo que necesitamos, ser, teniendo en mente que este es un proceso doloroso, pero el único legítimo.

Es fundamental para destruir la opresión, generar las condiciones que hagan posible el ejercicio de la libertad, y eso depende de todes y de cada une. Tu libertad, entonces, es también mi responsabilidad. No podemos delegar. Tenemos que ser capaces de distinguir entre lo genuino y lo miserable. O destruimos al enemigo, destruyéndonos y liberándonos, construyendo algo nuevo, y no opuesto, sino completamente distinto, o perpetuamos la esclavitud, haciendo de la vida algo que no siente ni entiende ser, haciendo de la vida una mercancía.

¿Podemos hacer nada? ¿Seguir inertes transitando cada día el camino de la miseria? ¿Buscar espejismos de satisfacción en prácticas más o menos vacías? No existe la neutralidad. Cada una de nuestras acciones genera consecuencias, lo queramos o no, seamos conscientes o no. Y no ser consciente no elimina la responsabilidad de hecho. Si al lado nuestro ocurre una situación de opresión y no intervenimos, somos cómplices. Sepamos o no, si lo permitimos, somos cómplices.

Un Viento Rebelde

Foto de portada: Pi Chon


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