Comunismo libertario y comunismo autoritario: ¿Una historia de traiciones o de lógicas opresivas consecuentes?

 

La dictadura de la burguesía o del proletariado, es siempre tiranía y la libertad no puede alcanzarse por medio de la tiranía.

Ricardo Flores Magón.

Si no aspiramos al poder, ¿por qué ayudar a los que aspiran a él?

Errico Malatesta.

¿Qué intereses debe defender unx revolucionarix, los del partido o los del pueblo que con su sangre impulsa la Revolución?

Consejo Revolucionario Militar de la Región de Guliay Polié

 

Introducción

Generalmente en los círculos académicos o en grupos de gente interesada en discutir ideas revolucionarias por fuera de la Academia, lo primero que se te acerca puede ser información referida al peronismo, el cual fue ese proceso político que burocratizó la vida mediante el sometimiento absoluto al Estado, domesticó la lucha social y pregonó la conciliación de clases: “Buscamos suprimir la lucha de clases suplantándola por un acuerdo justo entre obreros y patrones al amparo de la justicia que emana del Estado” (Perón, 1º de Mayo de 1944). Por otra parte, también podemos encontrarnos con una historia que reivindique al comunismo. Pero no al comunismo libertario, sino al comunismo autoritario. Ese que aspira al Poder estatal mediante una dictadura de una minoría iluminada ajena a los intereses del pueblo. El acercamiento al anarquismo se puede llegar a profundizar cuando analizás no las “traiciones”, sino lo que en la historia de los procesos revolucionarios son acciones consecuentes y coherentes de ese comunismo autoritario que ha encarcelado y masacrado a miles de anarquistas.

 

Con escoba de hierro, sin libertad

En el contexto de la Revolución rusa Trotsky decía: “Hay que barrer con escoba de hierro a todos los anarquistas de Rusia”[1]. Estas acciones consecuentes del capitalismo de Estado se pueden analizar, por ejemplo, en las obras La Revolución desconocida de Volin, Los anarquistas rusos y Kronstadt 1921 de Paul Avrich e Historia del Movimiento Makhnovista de Archinov, las cuales están repletas de documentos de diversas fuerzas intervinientes para dar cuenta de lo mencionado. En particular, la obra de Piotr Archinov Historia del Movimiento Makhnovista es un documento fundamental para comprender parte de la Historia que el Poder ha tratado de ocultar. El Movimiento makhnovista consiguió ocupar en Ucrania, según Néstor Makhno, referente de la Revolución ucraniana, un territorio de unos 60.000 km2 con millones de habitantes[2]. Según los documentos del Movimiento, sólo en la región de Guliay Polié y sus alrededores, cerca de dos millones de personas fueron representadas por él en el tercer Congreso Regional de campesinxs, obrerxs y guerrillerxs realizado el 10 de abril de 1919[3]. Los rasgos característicos de este movimiento eran una profunda desconfianza hacia los grupos no trabajadores o privilegiados de la sociedad, desconfianza hacia los partidos políticos, negación de toda dictadura sobre el pueblo por parte de cualquier organización, negación del principio estatal, autogestión completa de lxs trabajadores en cada localidad.

En este sentido, Historia del Movimiento Makhnovista es un documento histórico que alecciona a quienes consideran al anarquismo como una fantasía irrealizable. Deja en claro que no es un imposible absoluto. Por mencionar sólo a algunos de los procesos históricos-revolucionarios en los que formó parte el anarquismo o tendencias libertarias que dan sustento a que esas prácticas e ideas nos sigan impregnando: la Revolución francesa (1789), la Comuna de París (1871), la insurrección de la Comuna Strandzha en Bulgaria (1903), la Revolución mexicana (1910), de la cual los hermanos anarquistas Flores Magón fueron claros partícipes e impulsores, los procesos de rebelión del Territorio Libre de Ucrania (1918-1921), de Manchuria (1929-1932), de España (1936-1939), de Chiapas (1994-actualidad) y la Revolución de Rojava (2012-actualidad). La imposibilidad de vivir en igualdad y en libertad está dada por el Patriarca-Estado-Capital bajo todas sus máscaras, sea del color que sea. Por lo tanto, hay que desarraigarnos de la visión opresora que hemos aprendido y ver a través de los intersticios de esa historia valiosa que han podido edificar lxs de abajo del mundo. A su vez, esos procesos mencionados quedan como argumentos no tan fuertes si comprendemos que el ser humano vivió de forma anárquica desde tiempos inmemorables, y que el apoyo mutuo, la reciprocidad y la necesidad de compañía para el bienestar individual y social es la regla y no la excepción, es la regla misma de la vida como forma anárquica, como sistema que se autoorganiza y se reproduce así mismo; la excepción, por lo tanto, es el patriarcado, el Estado, la sociedad mercantil y las relaciones opresivas. Estos conceptos los encontramos, por ejemplo, en las necesarias obras El apoyo mutuo y La moral anarquista de Piotr Kropotkin, en La rebelión de Edipo: El asalto al Hades de Casilda Rodrigañez y en La Revolución de las mujeres y Orígenes de la Civilización de Abdullah Ocallän.

La obra de Archinov golpea fuerte a quienes justifican que el socialismo autoritario es la única realidad posible de transformación social revolucionaria. Es más, sitúa a la Revolución rusa como un movimiento revolucionario de masas, hecho por ellas mismas, concreto y real, y al bolchevismo, al Partido, como ese aparato político estatal que ha sabido ser un consciente y hábil estadista para aplastar la Revolución del pueblo. Por lo tanto, la Revolución rusa y el sistema autoritario de los comunistas estatales son concepciones radicalmente opuestas. La historia del Movimiento makhnovista desenmascara al bolchevismo y destruye por completo la leyenda de su carácter revolucionario y proletario.

La Revolución de octubre se forjó bajo dos frases: ¡Las fábricas a lxs obrerxs! ¡La tierra a lxs campesinxs! Pero esta organización de lo vital se contrapuso con la resistencia férrea del Partido Comunista. El programa político del bolchevismo fue aprovecharse y disponer de las fuerzas revolucionarias del pueblo, ponerse a su cabeza para derrocar a la burguesía, apoderarse del Estado y asentar su dominación sobre los fundamentos del socialismo de Estado. Toda su actividad durante la Revolución rusa no fue más que la realización de la dominación estatal de la democracia:

La nacionalización de la industria, de las tierras, de las viviendas en las ciudades, del comercio y el derecho a voto para lxs obrerxs y lxs campesinxs, son la base del comunismo bolchevique puro. En realidad, la “nacionalización” culminó en una estatización absoluta de todas las formas de vida del pueblo. No solamente la industria, los medios de transporte, la instrucción, los órganos de aprovisionamiento, etc., se convirtieron en propiedad del Estado, sino también cada obrerx, la clase obrera en particular; su trabajo y su energía, las organizaciones profesionales y cooperativas de campesinxs y obrerxs, todo fue estatizado. El Estado es todo, el obrero y la obrera no es nada; tal es el precepto fundamental del bolchevismo. Ahora bien, el Estado es representado por sus funcionarios, y ellos lo son todo, la clase obrera no es nada.[4]

La estructura comunista estatal que lleva a la esclavitud de lxs obrerxs y de lxs campesinxs es explicada por lxs makhnovistas no por errores y extravíos del bolchevismo, sino por su aspiración consciente al sometimiento de las masas, por ser una nueva casta social privilegiada. A pesar de las diferentes disputas con el aparato político bolchevique, lxs makhnovistas distribuyeron propaganda a lxs soldadxs del Ejército Rojo invitándolxs fraternalmente a la unidad:

¡Camaradas soldadxs rojxs! Nuestros más aborrecidos son los grandes propietarios y los capitalistas de todos los países, los generales y oficiales de Denikin [líder del Movimiento Blanco contrarrevolucionario en la Revolución Rusa que quería restaurar la monarquía], los nobles polacos y los comisarios bolcheviques. Los castigamos a todos despiadadamente, ejecutándolos como enemigos de la revolución de pueblo trabajador. Pero ustedes camaradas soldadxs rojxs, lxs consideramos hermanxs de sangre, con quienes quisiéramos conducir juntxs la lucha por la verdadera emancipación, por un auténtico régimen soviético, sin la tutela de partidos.[5]

Y en algún momento, su convocatoria tuvo éxito. El 25 de julio de 1920, lxs soldadxs del 522 regimiento del Ejército Rojo declaran en un llamamiento público:

Nos pasamos sin disparo alguno y con todo nuestro equipo y armas, del lado de lxs insurgentes makhnovistas. Los comunistas nos acosaron y atribuyeron nuestro paso al bando de lxs insurgentes makhnovistas a un capricho y a una tendencia al banditismo (…) Porque llevan un combate despiadado contra los ricos y los nobles; porque toman partido por la libre unión y los sóviets entre lxs obrerxs y lxs campesinxs, sin la dictadura del partido que sea… porque lxs makhnovistas pelean por (todo eso), nos encontramos nosotrxs también a su lado por estas mismas aspiraciones, nosotrxs, soldadxs rojxs ayer y revolucionarixs libres hoy (…) ¡Escúchennos y no hagan verter inútilmente la sangre de sus hermanxs! ¡Sigan nuestro ejemplo! Nuestra acogida fraterna les espera.

Lxs soldadxs rojxs del 522 regimiento, ahora makhnovistas. [6]

El movimiento makhnovista es incompatible con la actividad estatal del bolchevismo. A partir del testimonio de un soldado del Ejército Rojo que recopila Archinov, la conducta de Trotsky con respecto al Movimiento Makhnovista se puede resumir así:

(…) vale más ceder Ucrania entera a Denikin que permitir una expansión del Movimiento makhnovista; el movimiento de Denikin, eminentemente contrarrevolucionario, podría fácilmente ser comprometido por medio de la propaganda de clase, mientras que la Makhnovschina se desarrolla en el fondo mismo de las masas y las subleva precisamente contra nosotros.[7]

Podríamos hacer el ejercicio con la Revolución española y sustituir algunos nombres mediante el testimonio de algún soldado comunista: “Vale más ceder España entera a Franco que permitir una expansión de la colectivización de la tierra, talleres y fábricas por parte de los mismxs obrerxs y campesinxs, impulsadxs por la teoría y prácticas del comunismo libertario”.

 

¿España democrática o España revolucionaria?

El 18 de julio de 1936 se produjo el alzamiento de tropas del ejército encabezado por Francisco Franco contra la Segunda República y pocas horas después la península ibérica fue el escenario de un dramático pero inevitable enfrentamiento. Desde los comienzos del levantamiento, el pueblo del territorio español resistió e hizo detener y retroceder al avance de las fuerzas fascistas.

La Guerra Civil española se venía gestando desde que en 1931, proclamada la Segunda República, los sectores más reaccionarios y oscurantistas coaligados expresaron su pesar por la caída de la monarquía del rey Alfonso XIII. Las ilusiones de cambios sociales que anidaban en los corazones de las mujeres y hombres del campo y en el proletariado de las ciudades se vieron frustrados  por la ambigüedad y la tibieza de los jerarcas republicanos frente a los poderosos latifundistas. En el seno del complejo, contradictorio y dramático proceso social ibérico se dieron experiencias inéditas de realizaciones concretas llevadas adelante por mujeres y hombres decididos a no claudicar frente al fascismo en versión falangista y al estalinismo.

Cuando Stalin proporcionó algunas armas a lxs antifascistas, también envió un ejército de agentes comunistas que tuvieron apoyo en las embajadas rusas de Madrid, Valencia y Barcelona, e intentaron manejar desde allí al gobierno español, mediante la presión del transporte de armas. Mientras la prensa comunista de todos los países publicaba que la URSS era la única que proporcionaba desinteresadamente armas a lxs antifascistas españolxs, se olvidaba de advertir que Stalin hacía pagar cada cartucho por el gobierno de Valencia de antemano y en oro.[8]

En relación con el proceso histórico mencionado anteriormente, analizar la Revolución española también nos sirve para darnos cuenta de procederes consecuentes de persecución y asesinato hacia lxs anarquistas por parte del comunismo autoritario. Una excelente obra para ver esto es Homenaje a Cataluña de George Orwell que inspiró a Tierra y Libertad, película de Ken Loach.

A pesar de que Orwell participó de las milicias del POUM (Partido Obrero Unificado Marxista), éste declara que “de acuerdo con mis preferencias puramente personales, me hubiera gustado unirme a lxs anarquistas”.[9] Igualmente, las tácticas de los comunistas autoritarios, a pesar de los recelos entre anarquistas y el POUM, hacían coincidir a estas últimas tendencias. Es decir, lxs anarquistas y el POUM propugnaban el control total de la tierra, fábricas y talleres por lxs trabajadorxs mismxs y no separaban la guerra de la Revolución, querían una España revolucionaria y no una España democrática como los comunistas estatales con su gobierno centralizado.

Orwell, como periodista, escritor y combatiente de las milicias de la Revolución española, tenía la impresión “de que España sufría una plaga de siglas”. Cuando llega a Barcelona y se une a las milicias revolucionarias, un compañero le dice “aquellxs son lxs socialistas”. Orwell, desconcertado se pregunta: “¿Acaso no somos todxs socialistas? Me pareció tonto que hombres (y mujeres) que luchaban por su vida tuvieran partidos distintos; mi actitud siempre fue: ` ¿Por qué no dejamos de lado todas esas tonterías políticas y seguimos adelante con la guerra?´”.[10] Lamentablemente, no todxs aspiraban a la transformación total de la vida igualitaria y libre. La Historia demostró que el capitalismo de Estado o socialismo autoritario fue contrario a esas ideas y prácticas de libertad:

Lxs anarquistas (único movimiento revolucionario que ejercía gran influencia), fueron obligadxs a ceder en un punto tras otro. Se frenó el proceso de colectivización, se eliminaron los comités locales, se disolvieron las patrullas de trabajadorxs y se restablecieron, reforzadas y muy bien armadas, las fuerzas policiales de la preguerra; el gobierno se hizo cargo de varias industrias claves que habían estado bajo el control de los gremios.[11]

Para Orwell, el hecho central en este acontecimiento histórico fue omitido: la revolución la estaba realizando el mismo pueblo. Desde la prensa hegemónica, toda la lucha fue reducida a una cuestión de “fascismo versus democracia”. Las siguientes líneas sintetizan cómo la ética consecuente y las prácticas políticas del comunismo estatal se vuelven a repetir:

[…] todo el mundo estaba decidido a impedir la Revolución en España; en especial el Partido Comunista, respaldado por la Rusia Soviética, [que] lanzó su máxima energía contra la Revolución. Según la tesis comunista [estatista] una Revolución en esa etapa [de guerra] resultaría fatal y en España no debía aspirarse al control ejercido por lxs trabajadorxs, sino a la democracia burguesa.[12]

[…] los comunistas no estuvieron en la extrema izquierda, sino en la extrema derecha. En realidad no debería resultar sorprendente, pues las tácticas del Partido Comunista en otros países han puesto en evidencia que es necesario considerar al comunismo oficial, al menos por el momento [y siempre que sea comunismo de Estado], como una fuerza contrarrevolucionaria.[13]

La Revolución española había adquirido desde el comienzo un carácter que no podía ser grato para los gobernantes del Kremlin. Refutó el mito de la dictadura del proletariado como etapa de transición hacia el comunismo y demostró que la auto-organización del pueblo podía prosperar sin tutelas burocráticas. Una victoria de la Revolución española no sólo hubiera golpeado fuerte al fascismo sino que desalojaría de su posición a su hermano gemelo: el bolchevismo. Habría demostrado que la supuesta transición de la dictadura del proletariado sólo servía para que los nuevos gobernantes consoliden sus nuevas formas de tiranía.

El anarquismo en España supo construir experiencias de pedagogía libertaria, liberatorios de prostitución, socialización de los servicios de salud, colectivización de tierras y autogestión social de campos, fábricas y talleres. Todo esto mientras un pueblo en armas luchaba contra los militares sublevados, los capitalistas y la jerarquía eclesiástica. Esta alianza apoyada material y militarmente por el régimen italiano de Benito Mussolini y el Tercer Reich alemán encabezado por Adolfo Hitler, más las arteras maniobras de la dictadura de Joseph Stalin, enemigo declarado del socialismo libertario, y del Partido Comunista local como apéndice de la URSS, logró diluir la radical transformación social por parte de lxs revolucionarixs libertarixs y allanar el terreno para el fascismo.

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Los hechos y los testimonios de los dos procesos históricos mencionados nos permiten formular con claridad lo siguiente: el comunismo autoritario nunca quiso y nunca va a querer la auto-organización del pueblo; el comunismo autoritario, jerárquico y estatal, nunca va a querer la libertad. Esta sólo será ejercida por la participación directa de los individuos en la organización social a escala comunal regida por un principio federativo. Participación basada en el apoyo mutuo y en relaciones solidarias alejadas de los principios de opresión que emanan desde el Estado: «Libertad sin socialismo es privilegio e injusticia; socialismo sin libertad es esclavitud y brutalidad»

Roscigna

Notas

[1] Archinov, Piotr, Historia del Movimiento Makhnovista, Anarres, Buenos Aires, 2008, p.115.

[2] Ibíd., p.239.

[3] Ibíd., p.96.

[4] Ibíd., p.71.

[5] Paz Paredes, Lorena. “La Makhnovschina, un movimiento libertario bajo fuego”. La Jornada [en línea] Fecha de consulta: 7 de julio de 2017. Disponible en: http://www.jornada.com.mx/2014/12/20/ponencias/lorenapaz.pdf

[6] Ibid,  Paz Paredes.

[7] Archinov, Op. Cit, p. 119.

[8] Rudolf Rocker, “La guerra civil española y la traición de Stalin”, en Reconstruir, Buenos Aires, 1975, p.53.

[9] George Orwell, Homenaje a Cataluña, Buenos Aires, 2008, p. 129.

[10] Ibíd., p.60.

[11] Ibíd., p.68.

[12] Ibíd., p.64.

[13] Ibíd., p.69.


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