Se escucha un grito

Berthold Brecht dijo que no hay peor fascista que un burgués asustado, y el terreno político mundial actual parece confirmarlo. En los últimos años la derecha vio un alza en popularidad de vuelta gracias a varios factores, desde las consecuencias de la crisis económica de 2008 a una impecable lavada de cara que en Estados Unidos y Europa se logró gracias al nuevo nombre de “derecha alternativa”. Esta derecha suele estar identificada con gente joven que arenga los valores propios de cada Estado-nación, es emprendedora, y dice venir a defender al mundo de las tendientes globalistas y multiculturalistas, bajo la premisa de que harían desaparecer la identidad cultural y la herencia identitaria de cada país.

Si se toman dos pasos para atrás y se mira la escena global de manera más contemplativa, aparece una dinámica que remite al siglo pasado y que parece estar repitiéndose de una manera más astuta. Si hay algo que caracteriza a las clases dominantes es que aprenden de todos los procesos históricos que se les presentan, de las que forman parte, para poder mejorar y refinar su control sobre la población mundial. Después de la crisis financiera del 2008 muchos países lograron una recuperación rápida a costa de sus pueblos, como en Estados Unidos, donde las calidad de vida y el salario de lxs trabajadorxs empeoraron, y las grandes empresas encuentran cada vericueto posible para poder incrementar la suma que roban del valor que agrega la labor de lxs trabajadorxs. Esto tiene la contracara de que los bancos que causaron la crisis en principio fueron beneficiarios de planes de bailout, es decir, de escape, y las repercusiones nunca llegaron a ellos.

En Latinoamérica, esta misma crisis se inscribe en un contexto en el cual la mayor parte de la región eligió en la década pasada a un gobierno socialdemócrata o de izquierda (Lula en Brasil, CFK en Argentina, Pepe Mujica en Uruguay, Evo Morales en Bolivia, Chávez en Venezuela, etc.), los cuales en su mayoría ahora se ven culpados de una crisis que va a servirle a la derecha para poder exacerbar los sentimientos nacionalistas de cada país. Los medios de comunicación entonces empezaron a copiar un modelo ruso de batalla de la información, las noticias falsas.

El sistema fue diseñado por la KGB durante los años `70 con un propósito siniestro. La mentira se implanta en el discurso de una sociedad y permanece con cierto estado de veracidad incluso aunque sea desmentida luego por otra fuente confiable, que incluso puede llegar a tener menos alcance que la mentira original. Esto se usa para agitar emociones de violencia y confrontación entre miembros de una misma sociedad, lo que ayuda a desestabilizar la integridad de un país y asustar a sus habitantes. En el entretanto, los grandes partidarios de la derecha atacan a aquellos periódicos críticos avanzando hacia un discurso de “los medios malignos”. Esta estrategia es en definitiva un ataque en pinza, donde la mentira se esparce rápido y la crítica es atacada, y tiene un antecedente en la Lügenpresse – las primeras noticias falsas de la Alemania nazi. “Miente miente que algo queda”.

El nuevo enmascaramiento de la derecha como apolítica e inofensiva se vuelve peor cuando se escuchan los discursos de los partidos que están alzándose de manera sospechosamente coordinada en Europa. Algunos países que presentan esta dialéctica son Hungría, Inglaterra, Francia, Italia, Alemania y Holanda, y aunque quizás no tengan una gran representación en el poder ahora mismo la están buscando (Le Pen en Francia, Theresa May en Inglaterra, etc.). Su discurso demoniza a lxs refugiadxs como los causantes de la crisis económica que enfrenta cada país y, al ser de otro color de piel y otra religión (usualmente islamitas), inventaron una teoría conspirativa llamada el “genocidio blanco”, teoría apoyada en cosas como que van a diluir hasta su desaparición a la gente blanca, que no pueden acostumbrarse a la democracia, que las subvenciones que reciben del Estado tendrían que ir a habitantes originarios de su suelo, o que criminalizan las calles.

Todo esto puede ser fácilmente refutado: hay estudios1 que prueban que lxs inmigrantes causan menos crímenes que la población media y que pueden ayudar a la economía a crecer. Lo que preocupa es que hayan encontrado un chivo expiatorio para la crisis y que estas sean familias indefensas que escapan de la guerra del Medio Oriente (Yemen, Siria, Palestina, etc.), guerras que la misma derecha crea. Las creencias de los nuevos partidos fascistas van tan lejos como proponer que el genocidio blanco, aquello que menciono más arriba, es un plan del judaísmo internacional. Esto agrega antisemitismo a la mezcla, y es de donde se origina el odio al “globalismo” y al “multiculturalismo”.

En esto se aglutinan varias incongruencias lógicas: el planteo de que una persona es su identidad cultural, la cual se corresponde de manera completamente inmóvil con su religión, nacionalidad, color de piel o cualquier otro factor es falaz, pero sirve para tener un discurso que legitime el odio y todo lo que surja de él. Así como en la segunda mitad del siglo pasado la raza dejo de ser un argumento posible para este discurso, ahora se utilizan de manera intercambiable color de piel, religión y nacionalidad.

Todos los elementos que parecieron inconexos en un principio y que comenzaron a alzarse de manera evidente pero enmascarada ante la sociedad global en la última década están conectados y se apoyan entre sí, desde las redes sociales y sus funciones de control y vigilancia, a las noticias falsas y su guerra en contra del poder de decisión independiente y capacidad de reconocer la realidad a nuestro alrededor, a los discursos neo-fascistas y su aplicación en las distintas regiones del mundo, y más. Para Latinoamérica, esto desemboca en las victorias de Macri y Bolsonaro y de manera más específica, en la vuelta del FMI, el G20, la represión policial, el asesinato de Rafael Nahuel, la desaparición forzada y el asesinato de Santiago Maldonado, la muerte de Martin Licata, el cierre de 29 profesorados y la aprobación de la Unicaba, el presupuesto deficitario, y todo lo que vivimos en nuestra cotidianidad y llevamos viviendo casi tres años. En este comienzo de 2019, Patricia Bullrich se sumó al discurso anti-inmigratorio después de la elección en Brasil de Jair Bolsonaro, que actuó como validación de la derecha en Latinoamérica.

Con esto me refiero a que lo que estamos viviendo es el último grito de la democracia como sistema de gobierno mundial. No me refiero necesariamente al “último” en términos de que vaya a ser el final, sino que es el más nuevo. Si las elecciones pueden ser manipuladas por las noticias, los medios y el miedo, o arregladas como sucede en Estados Unidos con el “jerrymandering” y la supresión de votantes (tema para otro momento), la protesta es reprimida, los presidentes sirven a las corporaciones, las empresas privadas pueden financiarse con dinero de los impuestos que todxs pagamos, los ex empresarios vueltos funcionarios venden nuestro patrimonio al imperialismo y tanto más, entonces lo que es nominalmente una democracia, es decir, donde supuestamente la elección libre tiene peso sobre la realidad y se plantea como máxima conquista, es empíricamente una oligarquía o una corporatocracia.

Nadie desea que sus capacidades sean determinadas por alguien más, ni sus posibilidades coartadas, ni su integridad de cualquier tipo violada. En el fondo todxs somos anarquistas, desde lxs que nos autoproclamamos así a quienes caminan por la calle odiando sus trabajos y llenxs de cansancio. Toda derecha que se ve en crisis toma el miedo de la pobreza, el miedo por la supervivencia, como oportunidad para expandir su poder. Lxs refugiadxs, que ya fueron tocados por las guerras que causa el Capital, ahora son un blanco en otra parte. El capitalismo crea el problema y en su oferta de una solución sólo se ayuda a sí mismo.

Creo también que en este momento no todxs estamos en condiciones de imaginar el sistema de organización que pueda reemplazar al capitalismo, no sólo por la complejidad que eso conlleva sino porque no solemos estar lo suficientemente en contacto con nuestras necesidades ni con nuestras comunidades locales -incluso con el vecino que vota a la derecha- como para poder decir qué es lo que viene después. Tampoco es necesario saberlo ahora: esto no significa que nadie esté en contacto con su vitalidad, ya que hay comunidades o pueblos (como el mapuche o el kurdo) que están dando activamente una repuesta de resistencia ante el capitalismo. También es importante empezar por alguna parte, y encontrar la potencia que tiene crear alternativas activamente, aquellas que puedan reemplazar al modelo actual. Las economías locales y comunidades de apoyo mutuo tienen que crecer para poder quitarle recursos al sistema macroeconómico.

No creo tampoco que sea posible pensar en un modelo que contemple todas las facetas y dificultades de la realidad, pero sí, reitero, creo que es posible tomar acción. Pensar en todo aquello que hay que hacer para revertir la situación actual puede paralizarnos por el vértigo del tamaño del proyecto, por lo que estar activo en la construcción de pequeñas y paulatinas conquistas es vital. Dentro del budismo existe la enseñanza de esperar a que pase aquello que unx no puede cambiar para poder actuar cuando sí sea posible cambiarlo, y aunque hay mucho para hacer mientras tengamos una oportunidad contra este sistema, pelear con lo inevitable sólo nos cansa y nos daña emocionalmente. El autocuidado y la autopreservación también son necesarias.

Junto con este deseo está inscripta una advertencia: las revoluciones tienen la capacidad de comerse a sus hijos (después de la Revolución francesa los girondinos y los jacobinos se mataron entre sí), y el mundo es siempre mucho más impredecible de lo que podemos pensar. Toda acción que se tome en el nombre de reducir al capitalismo a un mal recuerdo tiene que ser tomada con consciencia histórica y desde un lugar que termine con la violencia y nunca la perpetúe. Es posible que no tengamos el saber en este momento para lidiar con las contradicciones que pueden surgir en esos momentos, y es probable que tengamos que tomar decisiones que no podamos imaginar ahora mismo, y que van en contra de las lógicas que conocemos si queremos deshacernos de un futuro que sea una bota militar aplastando una cara contra el pavimento para siempre.

Espero que esta nota encuentre a quien la lea en paz, sin estar en peligro, y siendo amadx.

Hufupukar

Referencias bibliográficas


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