Bancarse la falta

Empiezo esta nota esperando tocar, desde lo más profundamente personal, un tema -una situación común- que siento que recorre los ámbitos de varios espacios de militancia anarquista que atravesé hasta ahora. Con esto no quiero decir que mi experiencia sea absoluta, obviamente, sino que espero poder decir algo relevante para más que sólo yo, y que tenga como mínimo un núcleo de verdad para le potencial lectore. El tema es nuestro bienestar emocional, tanto individual como colectivo.

No hace falta decir que el estado actual del mundo es un generador de ansiedades y miedos; el estado económico, el político, el ambiental. Nos encontramos en un momento de severa coyuntura e incertidumbre, ese lugar al que la historia inevitablemente vuelve aunque globalmente se haga todo lo posible para que no pase de vuelta. Laurie Anderson lo dice mejor que yo: “La historia es un ángel al que vuelan de espaldas al futuro. La historia es una pila de escombros, y el ángel quiere volver y arreglar las cosas que están rotas, pero hay una tormenta soplando del paraíso que sigue empujando al ángel de espaldas al futuro. Y esta tormenta, esta tormenta se llama progreso”. Hay problemas en todas partes, desde Yemen y Brasil, pasando por Venezuela y Palestina, siguiendo por Rojava y China, volviendo por Korea del Norte y Estados Unidos y terminando en Holanda y Gran Bretaña. Hay problemas siempre, y nuestras vidas particulares no son una excepción. Nos encontramos indefectiblemente en un mundo que no hicimos, no elegimos, y como anarquistas (como disidencias de género o sexuales, por nuestro color de piel o nuestro físico, por miles de razones) más veces de las que no, un mundo con el que simplemente no estamos para nada de acuerdo.

Como contrapunto a esa idea, también creo que hay algunas cosas que mejoraron en comparación con el último siglo. Es difícil pensar porqué el progreso hacia una sociedad mejor puede ser tan lento y tortuoso, tan difícil, tan cansador. La lucha se siente interminable, y el enemigo imparable, pero hay cosas que se ponen, de a ratos, mejor, aunque cueste verlo en perspectiva. Es probable que justamente esta mejoría sea aquello que genera una respuesta de los sectores privilegiados que se ven perdiendo poder, como han teorizado personas más formadas en el tema, y que esto sea lo que vemos ahora, un período de retracción histórica ante grandes avances. Creo que no hay nada que apurar en ese sentido. La historia misma, las generaciones futuras se encargan, como lo han hecho, como lo hemos hecho y seguiremos haciendo, de señalar al opresor y darle la razón al oprimido, solidarizándose con su causa. La mentira y la crueldad tienen patas cortas, y en un nivel macro quizás esas patas corren más de lo que duran nuestras vidas, pero no hay mal que dure cien años o pueblo que decida soportarlo. Nuestra labor continúa en el presente.

Creo que es posible que el avance de una sociedad a un lugar más justo sea más el promedio de los sentimientos, valores o ideales que esa sociedad tiene (encarnados en causas, proyectos de ley, luchas, etc.) que el hecho de que un grupo lo tenga y sea en su vista lo mejor. Con esto me refiero a que el avance de nuestras dinámicas e instituciones sociales parece suceder cuando los sectores más reacios al cambio aflojan su agarre para que dicho cambio suceda. Nosotres nos contamos mutuamente y nos vemos como una masa inapelable y imbatible de gente (y eventualmente lo somos), pero tode quien no apoye a una causa justa, aunque sea imparcial -tibie- y no marche o no haga nada, también impide que el avance pase. Ante cualquier tema y en toda sociedad hay un porcentaje que desea el cambio, uno que no y otro que está en alguna otra parte. Hacer un promedio de todas esas pujas es lo que indica si un cambio puede pasar o no. Quiero aclarar que por lo simplista que es esta idea, es puramente subjetiva y a mi me ayuda internamente a explicar el tira y afloja de las fuerzas sociales. Tiene sentido pensar que los sentimientos y deseos de moverse hacia un lugar mejor tengan que gestarse y expandirse para poder sobrevenir a todos los que se les oponen por la razón que sea, hasta el punto en el que el avance suceda, y este proceso es lento.

Pero mientras tanto, cambie o no cambie el mundo o debido a que no cambie, pasa la vida. El día a día, levantarse, los laburos o autogestiones que tengamos (o que nos hacen falta), los proyectos personales, las idas y venidas políticas, económicas, sexuales y amorosas. Y aún en el medio de esto, más chico, hay cosas que les contamos a nuestres mejores amigues, o que no contamos. Las faltas cotidianas, las ansiedades diurnas y nocturnas, los miedos, las cosas que nos permean de una manera que no nos gusta, aquello que no nos podemos sacar de encima. Nuestro propio peso que a veces termina en crisis. Los lugares de los que nos cuesta salir. De eso quiero hablar, intentado no ser un moralista. Y lo que quiero decir es que a veces hay que simplemente bancarse la falta.

Con esto me refiero a que tenemos que encontrar mejores maneras de convivir con nuestro dolor y no transmitirlo a las personas que están a nuestro alrededor, y muchas veces hacer aprendizajes en pos de esto. Esos aprendizajes pueden ser un trago amargo al principio y ser beneficiosos después, puede ser difícil y doloroso llegar hasta ellos y nos puede dar miedo el cambio que requieren. Todo aquello a lo que nos aferramos es lo que nos genera dolor, incluyendo nuestras ideas de quienes somos, y todo a lo que nos resistimos persiste. Poder relacionarnos de manera sana, poniendo el bienestar mutuo como brújula y dejando que organice el resto de nuestras acciones, no es tarea fácil en un contexto en el que las relaciones se basan en la transacción y conveniencia, pero hay que saber hacerlo. En el momento en el que generamos dolor a una persona (nosotres o alguien más), el mundo se volvió un lugar peor.

Desde el budismo y el taoísmo se practica aceptar todo exactamente como es en este momento, no desear que sea de otra manera, y amar al mundo como si fuese a nosotres mismes. No me refiero a que el cambio sea imposible, solamente que dentro de esos pensamientos el cambio pasa de manera natural, por su propio peso, cuando une logra volver a un estado de conciencia más sabio. Para esto están la meditación, la práctica de la humildad y el abandono del mundo y la sociedad como tales para verlos por lo que son en realidad. No se supone tampoco que no haya que desear, ya que querer cosas está bien, sino que no hay que estar apegade a esos deseos. Si hay algo que no se puede lograr o hay una circunstancia que no se puede cambiar ya que está fuera de nuestro control, une tiene que aceptar eso. Lo que nos trae dolor es la insaciabilidad de nuestro deseo por algo que no es, o porque algo deje de ser lo que es. Esto implica entender que nosotres no somos nuestras circunstancias y que la naturaleza de todo es la transitoriedad, que todo es pasajero, incluso el dolor. Dejar las cosas ir es a veces lo más sabio. Ambos pensamientos adhieren con que hay muchas cosas que pueden estar mejor en este mundo, y de ninguna manera abogo por la pasividad o el dejar de esperar que las cosas cambien, simplemente espero poder brindarle a mi comunidad una herramienta para lidiar con las emociones negativas que surgen en el día a día por todo aquello que está fuera de nuestro control. Esas emociones nos drenan de energía y vitalidad que necesitamos. Me gustaría ver a quienes me rodean felices y sentirse a salvo del peligro. A veces para que podamos sentirnos así necesitamos cambiar nuestra manera de aproximarnos a las situaciones que se presentan.

Es válido mencionar que el budismo como se practica en ciertos lugares es patriarcal y violento, pero las personas que practican de esa manera no están practicando budismo real, sino una versión distorsionada de las enseñanzas, como muchos cristianos o católicos hacen, por ejemplo.

El manejo sano de las emociones es un proceso que lleva tiempo y da vuelta muchas de las maneras en las que funcionamos diariamente, pero vale la pena. En el fondo, mi deseo es que como comunidad seamos más sanes, más felices y que estamos disponibles mutuamente para apoyarnos, no desde un sentido de obligación, sino desde nuestra capacidad interna de bienestar, solidaridad y amabilidad profundas.

Hufupukar


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2 comentarios sobre “Bancarse la falta

  1. ¿Compañero eres asturianu?. ¿Sabes hablar bable?. Por otro lado tu habla me suena como alguna comunidad de latinoamericanos del Cono Sur. Tu idea de cómo aguantar tanto dolor y ansiedad propios y ajenos me ha iluminado en la lucha eterna hacia nuestro Ideal. Gracias Compañero.

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