Dejar de ser lo que la realidad nos obliga a ser

A los Estados siempre les ha incomodado lo que no se ajusta a sus márgenes estériles, por eso mismo son Estados: niegan la vida que existe por fuera de ellos. A veces con muy poco se los incomoda. ¿Por qué esa incomodidad también, a veces, viaja hacia quienes apostamos a recuperar la vida que nos han robado? ¿Será porque años y años de adoctrinamiento, desmovilización, falsa paz y represión nos han contaminado? Los transfeminismos nos aconsejan: “La que quiera romper, que rompa. La que quiera quemar, que queme. Y la que no, que no estorbe”.

También sos nuestro hermano, Santiago

«Cuento así con tu presencia y conversamos por momentos. Por aquí tarde de siesta, por allí noches de sueños eternos, sueños férreos. Hace frutos de tu agobio y pa´ sellar este acuerdo y nunca olvidarnos de ello nos tatuamos en el cuerpo estas flores color negro”, nos cantan nuestrxs amigxs de la Lira Libertaria. Recorremos las calles de 25 de Mayo y pareciera ser que aquí hay tarde de siesta, sin embargo la interrumpimos con una bandera que anuncia lo que ya sabemos: “Lxs brujxs no mueren”. Interrupción que niega el olvido al que nos somete la historia estatal: nunca visibilizar las vidas arrebatadas por la democracia extractivista; nunca recordar a quienes lucharon contra su orden mercantil; nunca preservar la memoria de quienes defendieron la vida y todo lo que habita en ella.

Lxs brujxs no mueren

Es un sábado de julio en 25 de Mayo. No va a salir el sol en ningún lado. La niebla no permite ver más allá de algunos metros. La calle es gris, se empaña el camino y la humedad riega el asfalto. El aire pesado se resquebraja cuando se nombra a Santiago. En esta ciudad que sigue siendo pueblo, se crió el Brujo y todavía hay vestigios de su presencia que, para algunos, es más incómoda que su desaparición. Los murales que pintó gritan por él: “Hacia la nada creadora, la ruptura total”. Otros murales no resistieron la inmensidad del Lechu y fueron destruidos. “Santiago le queda grande a 25 de Mayo. Este lugar es conservador, cómodo. No se hizo cargo de la desaparición”, atina a decir alguien que lo conoció a Santi y puede hablar con una sonrisa cuando se acuerda del Brujo. Y nos muestra un casquillo de bala y unas semillas de un árbol, tal vez, la forma perfecta de describir este lugar que con su silencio incomoda.

El mapa de la represión estatal

La legisladora por C.A.B.A. del Frente de Todos presentó el Mapa de la Policía, una especie de plataforma interactiva para vigilar de cerca a quienes nos vigilan aún más de cerca. Esta “herramienta”, según explicó la funcionaria del Gobierno más asesino desde 1983, busca, con la participación ciudadana, señalar en qué comunas/barrios/comisarías de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la policía trabaja mejor. Porque, otra vez según Ofelia Fernández, no toda la policía trabaja mal.

La Patria es la Mercancía

La Patria y sus sucesivas crisis son fetiches a los que sacrificamos nuestras vidas y las de toda la biosfera. Es justamente en los momentos de “crisis” cuando más evidente se muestra el fetiche. La producción de bienes de uso nunca está en crisis. La Tierra y nuestros conocimientos nos ofrecen todo lo que necesitamos para reproducirnos como especie. La propiedad privada nos priva de todo.

7ma Marcha contra travesticidios, transfemicidios y transhomicidios

Ahora parece que el Estado, esa máquina que desaparece, tortura, viola y asesina, salió del armario, se puso la mascarita de turno, agarró la bandera para la ocasión y se vistió de los colores del orgullo. Sacó a pasear su hipocresía iluminando sus emblemas por izquierda mientras sigue contando trans-travesticidios por derecha mientras con los medios barre sus basuritas por debajo de la alfombra de los juzgados.

Todos estos pequeños fuegos van a ser una gran fogata

Doblamos en Yrigoyen y el olor a lata recién utilizada invade el ambiente: “20 años, el mismo fuego, la misma rabia”, enuncia que el tiempo transcurrido no calma ni apaga el calor de la lucha; todo lo contrario, lo multiplica. Multiplicación que se encarna, como nos dice Alberto Santillán, en voces y cuerpos dispuestos a nutrir lo que nos hace arder: “Mi hijo estaba ahí desangrándose, a la vez pariendo miles de hijos e hijas. Fue teoría y práctica. Fue palabra y poner el cuerpo”.

Dos años de totalitarismo sanitario

A la hora de combatir la mentira y la infamia, más que currículum se necesita convicción y honestidad intelectual. Como dijera Raúl González Tuñón: “Marchemos, gritemos, protestemos… que cuando se escriba la historia de este tiempo que nos tocó vivir, se sepa que no estuvimos de acuerdo”.

Para que no murieran del todo

Casilda Rodrigañez en El asalto al Hades sostiene que los cuerpos de los animales pluricelulares son una orquestación de música e instrumentos, de energía biosolidaria, una sinfonía de procesos y sensaciones que hoy ya no son intuiciones o emociones poéticas, sino bioquímica material cognoscible. Es decir, que los fluidos que emanan de todo lo vivo no son nada etéreo o sobrenatural, puesto que resulta materia totalmente identificada. Materia tan identificada como la oxitocina que emana de las criaturas humanas para convertir el bienestar propio en el bienestar de lxs próximxs. O como las endorfinas que producen las personas gestantes y las recién nacidas hacen que durante la hora siguiente al parto estén impregnadas de opiáceos. Surge, entonces, este estado dependiente y se crean lazos de unión. Es el fenómeno común a los mamíferos, que se conoce como el “imprinting”, fenómeno que ha sido reprimido, silenciado y ocultado durante 5000 años. Patriarcado, patria, patrón entumeciendo el movimiento de lo vivo.

Contra la civilización del trabajo, por una vida vivible

El trabajo se constituye como una relación social entre personas, y como toda relación social, está tallada por lo cultural y lo histórico. Eso quiere decir que al no tratarse de algo eterno ni natural, por ende, resulta criticable y destruible. Esta forma se impuso hace aproximadamente cinco milenios, con el inicio de la civilización sumeria: el primer patriarcado.

En el comienzo, la guerra entre hermanxs y contra las mujeres en particular, apartadas de la toma de decisiones y lentamente reducidas, no sin resistencia, a sirvientas incubadoras. Cuna de la civilización, tumba de la comunidad. La autorregulación de las comunidades cede el paso al trabajo civilizado.

Su utopía es nuestra distopía

En el fondo, no se trata más que de la lógica interna del capitalismo y su movimiento destructivo de acumulación mercantil. Las farmacéuticas actuaron como cualquier capitalista lo haría, aprovechando la oportunidad de hacer un gran negocio. Los científicos actuaron como buenos profesionales al servicio del mejor postor. Los gobernantes actuaron como cualquier político lo haría: con la máscara de salvadores de la ciudadanía frente al “enemigo invisible”,  aprovechando el “estado de excepción” para profundizar el control social.

Han sido los avances tecno-científicos aplicados a la industria lo que nos han llevado a la debacle ecológica, a la precariedad laboral resultado de la automatización del trabajo, a la obsolescencia programada y al vacío existencial. Entronizar a la tecnología como salvadora de la humanidad no es nada más que seguir dejando abierto el camino para la dictadura de los especialistas al servicio del Poder.