Las formas que toman los cerdos

Suena el despertador a las 6:40 a.m. He dormido mal, unos mosquitos en una habitación sin ventanas, en un cuarto de hotel barato pero autopercibido “boutique”. Sus habitaciones están determinadas por los colores del arcoíris. El cuarto donde duermo está en la planta dos de un edificio estilo colonial con patio central, el color de la que me asignaron es amarillo. Un amarillo entre plátano dominico maduro y limón Verna o Eureka. La banana se me hace muy dulce, el limón me resulta demasiado ácido. Desde que migré al reino de España he preferido las limas, verdes, compactas y con un dejo de sabor a coco al final. Quizás la sensación que me llevo de este último día de vacaciones tenga esa mezcla empalagosa de la dulzura del plátano pasado, que en su interior se vuelve miel, con una textura lo más parecida al puré y el ácido del citrus del limón capaz de manchar el mármol más fuerte.

Nuestros dolores no caben en sus urnas

Tenemos una gran montaña de dolores acumulados. No es solo furia lo que impulsa a descreer de esta farsa democrática. No se trata simplemente de rabia o rebeldía. Esto no es capricho ni ignorancia porque no leemos. Levantar críticas hacia la organización democrática de la vida implica el ejercicio de mirar nuestro cotidiano, además de hacer avistaje histórico por las masacres, traiciones e indignidades que una y otra vez, por diferentes medios se perpetran tanto como se intentan soslayar. Sabemos que no resulta grato desanestesiarnos y hacer registro de un cotidiano que nos ofrece constantemente indignidad y despojos para vivir. Un cotidiano que ilusiona para frustrar y se garantiza así que la rueda de las promesas hipoteque la fuerza, la imaginación y las ganas de seguir intentando vivir de otras maneras. Sabemos que desanestesiarse enoja y duele pero también sabemos que puede impulsar. 

El Estado es un montaje: la vida que ellxs quieren

La clase política pretende, una vez más, convencer a la población de que es como nosotres, de que pretende las mismas cosas, de que vive como nosotres, como personas comunes y corrientes. Y al parecer le sale bien, ya que la mayoría de las personas que nos rodean volverán a delegar sus vidas en esos rostros sonrientes y luminosos que nos muestran en las boletas, carteles,  gigantografías y shows de televisión. Pero ¿realmente queremos la misma vida que quieren ellxs?

Gobernar es el arte de confundir

El peronismo es el mejor movimiento político para gestionar el capitalismo argentino porque logra ajustar con el apoyo popular. Sus militantes más progresistas ponen la vara tan baja que se convierten en furgón de cola de la burguesía peronista y sus asociados, por tanto no solo nunca van a poder cambiar nada, sino que se convierten en activos partícipes de la sumisión a la clase dirigente en general, profundizando la explotación y el extractivismo con mucha retórica romantizadora y resignada. Lo que suelen llamar “poner las patas en el barro”, no termina siendo más que la prolongación de la miseria generalizada. Promulgando valores democráticos, paternalistas, capitalistas y pacificadores, logran el consenso necesario para el buen discurrir de la democracia y sus negociados.

Todo desalojo es violento

Hace dos semanas un grupo de personas en distintas situaciones de vulnerabilidad permanente decidieron llevar a cabo una ocupación de tierras vacías. Es decir, recuperar mediante la toma del terreno, con sus propios cuerpos y deseos, lo que se les es sistemáticamente quitado y negado. Una porción de tierra desde donde desarrollarse en esta sociedad que les desplaza. Tarea difícil la de elegir cómo vivir. Tarea prohibida la de accionar por mera supervivencia por fuera de las leyes y los mandatos.

Prólogo de una demolición anunciada: pintadas antes de la tormenta

La respuesta no se hizo esperar. A menos de 24 hs. de la 7ma Marcha Nacional Contra el Gatillo Fácil, algunos medios masivos de la patronal salieron a denunciar y fomentar la persecución de anarquistas que fueron a rayar las paredes blancas del Cabildo. “¿Cuántos son como para identificarlos? ¿No hay policías en la zona para ir a buscar a estos energúmenos que escriben con pintadas la catedral metropolitana?”, dirá la periodista. “¿Estamos en contra de la violencia pero ponemos fuego a las iglesias? No se entiende el mensaje, muchachos”, afirmará, evidenciando que para ser vocero de la democracia no hace falta demasiada inteligencia. El intento de equiparar unas pintadas con la violencia diaria ejercida por el Estado argentino es un recurso fácil y miserable típico de la chusma periodística. Sabemos que así se ganan su salario, llamando a la pasividad y la sumisión cotidiana.

Lxs buenxs estudiantes son lxs que prenden fuego cosas

Hace unos días una compañera que escribe textos incisivos, filosos e incendiaros dejó asentado en una discusión que “los buenos estudiantes son los que prenden fuego cosas”. Son las 15:50 de este 27 de agosto y comenzamos a caminar sobre Av. de Mayo acompañando a lxs familiares de la Marcha Nacional Contra el Gatillo Fácil y esa frase se me viene al cuerpo. Profesora y alumna se cruzan, aunque los roles impuestos por la sociedad jerarquizada se anulan. Ambas le ponen color a la ciudad gris. Ambas plasman en las paredes la rabia que hoy nos convoca. Ambas escriben, mientras una le dice a la otra “te amo” con una risa hermosamente desobediente —una con stencil y la otra con una impecable letra cursiva—  los interrogantes y las afirmaciones que la sociedad del espectáculo calla: “¿Cuántas vidas vale gobernar?”, “Venganza”, “1312”, “ACAB”, “Nunca yuta”.

Jóvenes, muy jóvenes, insoportablemente jóvenes

Otra marcha nacional contra el gatillo fácil, la 7ma, lxs hizo presente.

Nos miraban a los ojos, fijo y con dulzura desde remeras, banderas, fotos, afiches. Todxs estaban ahí, en avenida de mayo, y eran muchxs. Demasiadxs.

Un desborde de injusticia sistematizada, una maquinaria que garantiza una y otra y otra muerte evitable. EVITABLE. Una cada 20 horas.

Anti-editorial (#15): Manifiesto

Gatx Negrx se pretende un periódico que transmite inquietudes, un espacio que incita a movernos, una pequeña comuna de prácticas y vivencias que desde una mirada anárquica busca interceder en la cotidianeidad y, a la vez, divulga contenidos, inquietudes y propuestas para quebrar las perspectivas opresivas. De esta manera, se propone encauzar y desbordar la lucha por lo vital: multiplicar rebeldías, promover autonomías, fomentar auto-organizaciones anti-autoritarias, generar prácticas de libertad.

Intertexto IV: ¿Cuántas vidas vale tu democracia?

Todo es recuperado por el orden reinante. Todo vale en el espectáculo político-mercantil del demos y del kratos. Del distrito territorial colonizado por el poder de quienes escriben el guion del espectáculo. Si el Estado siempre fue y es de excepción porque exceptúa la vida, la democracia siempre fue y es de representación porque representa la nulidad de la misma, una vida inauténtica, delegada, jerarquizada y privatizada.

Anclajes movibles con lo concreto: utópicos ellos

¿Cuánta crueldad hace falta para gobernar? ¿En qué clase de fraticida te tenés que transformar? ¿Cuántas veces obedecés por día? ¿Cuánta miseria ególatra tenés que alojar para cometer la cordura —siempre funcional a los mandatos civilizatorios— de querer gobernar cuerpos-territorios. Nos quieren obligar a ello, no caeremos en esa provocación, se pinta en las paredes e intentamos llevarlo a cabo. No solo en términos de rehusarnos a formar parte de la gestión de la máquina que profundiza la devastación de la vida, sino también en pensar lo ingobernable de la vida en las calles, en las camas, en las casas y en las plazas. Las ideologías del espectáculo ni siquiera lo pueden intentar. Aman caer en la provocación de gobernar. Insisten en la provocación. Son la provocación.